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Donald Trump quiere dar a la inteligencia artificial una escenografía de poder estatal antes incluso de explicar cómo funcionará. El presidente de Estados Unidos anunció este sábado en Truth Social la creación de una “Fuerza de IA” y el próximo nombramiento de un “zar” para esta tecnología.
Trump presentó la IA como motor económico y descartó el miedo existencial
No habló en términos técnicos, sino políticos y económicos. Trump describió la inteligencia artificial como “la próxima revolución industrial”, calificó de “engaño” las advertencias sobre una posible amenaza existencial y aseguró que el impacto de esta tecnología podría llegar al 25 % del PIB estadounidense.
La contradicción aparece enseguida.
Porque la Casa Blanca promete apoyar el crecimiento de la industria y, al mismo tiempo, vigilar las “malas prácticas” con los sistemas de justicia civil y penal ya existentes. Esa fórmula sugiere una voluntad de control sin levantar de momento una arquitectura regulatoria nueva, algo que encaja con el tono de otras discusiones recientes sobre menos regulación en el G20.
La nueva estructura recuerda a Space Force, pero nadie sabe aún qué hará
Hay un precedente imposible de ignorar. La denominación “Fuerza de IA” recuerda a la Space Force impulsada durante el primer mandato de Trump, aunque en este caso no existe ninguna indicación de que vaya a convertirse en una rama militar.
Tampoco hay detalles menores, que a veces son los decisivos. La propuesta carece de información sobre funcionamiento, competencias y presupuesto, y Trump tampoco ha desvelado todavía el nombre de la persona que ejercerá como “zar” de la inteligencia artificial.
Ahí está el núcleo del anuncio.
El debate no gira solo en torno al impulso, también al freno
Mientras Trump apuesta por acelerar, Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, ha planteado una desaceleración coordinada del desarrollo de la inteligencia artificial ante los posibles riesgos. No es un matiz menor, porque sitúa frente a frente dos maneras de leer el mismo fenómeno, una como carrera industrial y otra como campo que exige frenos pactados.
Esa tensión ya venía asomando en debates sobre ralentizar los modelos avanzados. A un lado aparece la promesa de crecimiento económico y al otro la idea de que avanzar demasiado deprisa puede dejar a los gobiernos mirando desde atrás.
Hasta el nombre se convirtió en una encuesta pública
Además del anuncio institucional, Trump publicó una encuesta para rebautizar la inteligencia artificial. Las opciones eran “Inteligencia Superior”, “Inteligencia Extrema” e “Inteligencia Suprema”.
El gesto parece menor, pero dice bastante sobre el momento político de la IA. Mientras una parte del sector discute competencias, riesgos y límites, el presidente la envuelve en una lógica de marca, consignas y nombres de gran tamaño.
Entre una estructura sin competencias conocidas, un “zar” aún sin rostro y una promesa de impacto del 25 % del PIB, el anuncio deja una imagen muy reconocible en la política de Trump, convertir una tecnología todavía discutida en un emblema de poder antes de explicar su mecanismo.