Donald Trump quiere abrir una conversación incómoda en el corazón del auge de la inteligencia artificial. El presidente de Estados Unidos dijo en el Despacho Oval que se reunirá muy pronto con “los 12 o 15 ejecutivos más importantes” para hablar de cómo devolver al público una parte de la riqueza generada por esta tecnología.
La idea no sale de la nada. OpenAI puso sobre la mesa un fondo público con una mecánica poco habitual, que el Estado compre acciones de empresas de inteligencia artificial y reparta después las ganancias entre la población.
El dinero aparece justo cuando crece el miedo al empleo
Hay una paradoja difícil de ignorar. Mientras algunas de las compañías más influyentes del sector exploran fórmulas para redistribuir beneficios, una encuesta muestra que el 53% de los ciudadanos estadounidenses teme que la inteligencia artificial deje sin trabajo a ellos o a alguien de su hogar.
La inquietud va más allá del empleo. La misma encuesta indica que el 73% de los ciudadanos estadounidenses está preocupado por el aumento del uso de la inteligencia artificial.
Eso cambia el sentido del debate público. Ya no gira solo en torno a cuánto puede producir una máquina, sino a quién cobra cuando ese trabajo deja de pasar por manos humanas.
Vinod Khosla pone cifras al reparto que otros apenas insinúan
Vinod Khosla, fundador de una firma de capital riesgo, lleva esa discusión a un terreno mucho más concreto con impuestos al trabajo automatizado. Su pronóstico también aprieta el contexto, porque anticipa que la inteligencia artificial realizará alrededor del 80% del trabajo económicamente valioso que hoy hacen los humanos.
Su propuesta combina dos medidas. Por un lado, igualar los impuestos sobre las ganancias de capital con los del salario y, por otro, crear a partir de 2030 un impuesto del 20% sobre los ingresos derivados del cómputo de inteligencia artificial y de la sustitución de nóminas humanas por sistemas automatizados.
La recaudación se destinaría primero a cubrir el desempleo de quienes pierdan su puesto. Después, ese mismo dinero serviría para abaratar servicios básicos automatizados como la sanidad, los tutores personalizados o la asistencia legal.
"Voy a reunirme muy pronto con los 12 o 15 ejecutivos más importantes, y estamos hablando de devolverle algo al público, y si lo hacemos, el público se enriquecerá mucho (...) Creo que lo harán, y creo que eso lo hará muy popular". Donald Trump, presidente de Estados Unidos
La frase de Trump mezcla redistribución, cálculo político y una promesa de prosperidad que todavía no tiene diseño visible. Aun así, retrata algo que hasta hace poco sonaba marginal y ahora ya circula entre la Casa Blanca, las grandes tecnológicas y los inversores que mejor conocen el negocio.
Las grandes empresas guardaron silencio cuando llegó la pregunta
No hubo respuesta pública de las cuatro compañías más señaladas en esta discusión. OpenAI, Meta, Anthropic y Google no emitieron valoración alguna después de ser contactadas por las declaraciones del presidente.
Ese silencio también dice bastante. Si una parte del sector estudia fórmulas para compartir ganancias y otra evita pronunciarse mientras crece un negocio que ya ha mostrado ingresos millonarios de la IA generativa, la discusión deja de ser técnica y entra de lleno en el terreno de la política fiscal.
Al final, la tensión no está en una máquina que trabaja más rápido, sino en una cifra mucho más humana. El 53% teme perder su empleo por la inteligencia artificial, mientras Vinod Khosla calcula que esta tecnología asumirá alrededor del 80% del trabajo económicamente valioso que hoy hacen las personas.