Trump quiere borrar “inteligencia artificial” y llama “enemigo” a quien no diga “superinteligencia”

Trump firmó un decreto para sustituir “inteligencia artificial” por “superinteligencia” en documentos oficiales y amenazó con considerar “enemigo” a quien use el término anterior.

13 de octubre de 2026 a las 10:45h
Trump quiere borrar “inteligencia artificial” y llama “enemigo” a quien no diga “superinteligencia”
Trump quiere borrar “inteligencia artificial” y llama “enemigo” a quien no diga “superinteligencia”

Añadir Mangas Verdes como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

Donald Trump ha decidido que el problema de la inteligencia artificial no está solo en la tecnología, sino en el nombre. Ante líderes mundiales en la ONU el mes pasado, dijo que la palabra artificial hace que la inteligencia parezca falsa, y a finales de septiembre firmó un decreto para borrar esa etiqueta de documentos oficiales y sitios web del Gobierno de Estados Unidos.

No es un matiz menor. Cuando un presidente cambia una palabra, también intenta cambiar el marco mental con el que millones de personas entienden una tecnología que ya condiciona inversiones, discursos públicos y batallas culturales.

Trump convirtió una disputa semántica en un gesto de poder

El jueves llevó esa ofensiva un paso más allá al escribir en redes sociales que cualquiera que use el término inteligencia artificial en lugar de superinteligencia será considerado por su Casa Blanca como “¡EL ENEMIGO!”. Días antes, en septiembre, ya había dejado otra frase de su estilo al asegurar que el único mecanismo de protección que necesita la IA es un presidente fuerte e inteligente con un alto coeficiente intelectual.

Después mezcló ese cambio de etiqueta con una comparación llamativa. En la ONU sostuvo que algo parecido ocurrió con el calentamiento global, que a su juicio renació como cambio climático porque el planeta se estaba enfriando y nadie había muerto.

La palabra también le sirve como arma política.

En un mitin de campaña en Nebraska, Trump dijo que volvería a reutilizar el término artificial, al que llamó fea, para referirse a los medios de comunicación. La operación resulta transparente, cambiar el nombre de una tecnología para reservar el adjetivo despectivo a un adversario habitual.

La industria no habla con una sola voz sobre la superinteligencia

Mark Zuckerberg, consejero delegado de Meta, ya había movido ficha en agosto con un documento de 6.000 palabras sobre el enfoque de su empresa. Allí afirmó que Meta se comprometerá con un modelo de código abierto que permita la existencia de agentes superinteligentes.

Elon Musk anunció por su parte que cambiaría el nombre de su compañía de SpaceXAI a SpaceXSI, aunque ese cambio todavía no se ha producido.

Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, marcó distancia. Aclaró que no hay planes para rebautizar su empresa como OpenSI y dejó además una objeción de fondo, porque ni siquiera el término superinteligencia le parece suficiente para describir la magnitud de lo que cree que está ocurriendo.

"¿Acaso la superinteligencia no suena mucho menos aterradora para la gente que la inteligencia artificial?" - Sam Altman, consejero delegado de OpenAI

La pregunta no es retórica del todo. Si el debate público cambia de una expresión que suena técnica a otra que suena grandiosa, también puede cambiar la percepción del riesgo, la cercanía o incluso la urgencia con la que una sociedad pide controles.

Nick Bostrom recordó que superinteligencia no sirve para nombrarlo todo

Mucho antes de este giro político, Nick Bostrom, filósofo de Oxford, ya había dado al término un significado muy preciso. En un ensayo de 1997 definió la superinteligencia como un intelecto mucho más brillante que los mejores cerebros humanos en prácticamente todos los ámbitos, desde la creatividad científica hasta la sabiduría general y las habilidades sociales.

En 2014 publicó además un debate sobre riesgos de la IA con un título que hoy vuelve a escena, Superinteligencia: caminos, peligros, estrategias. Que esa palabra reaparezca ahora en la Casa Blanca no significa que conserve intacto el sentido con el que entró en la discusión filosófica.

Bostrom abordó esa distancia con ironía.

"Si la idea es usar el nuevo término superinteligencia para abarcar todo eso, quizás sea un poco exagerado llamar superinteligencia a mi filtro de spam" - Nick Bostrom, filósofo de Oxford

Luego añadió otra observación, bastante más seca, al decir que no le corresponde decidir cómo debe usarse el inglés y que, en todo caso, suponía que el cambio sería bueno para las ventas de su libro. Entre la broma y la reserva aparece el verdadero nudo del asunto, una palabra nacida para designar una hipótesis extrema acaba aplicada a sistemas corrientes por decisión política.

Esa es la contradicción central.

Trump intenta presentar como superinteligencia un campo entero de herramientas muy distintas entre sí, mientras Bostrom reservó ese término para una capacidad que superaría a los mejores humanos en casi todos los terrenos. Entre una definición y otra cabe desde un modelo conversacional hasta, como él mismo ironiza, un simple filtro de spam.

La disputa parece lingüística, pero termina midiendo otra cosa. Cuando el poder cambia el diccionario, también decide qué suena aceptable, qué infunde miedo y qué palabras quedan disponibles para desacreditar al adversario.

Sobre el autor
Redacción
Ver biografía