Uno de cada cinco jóvenes en EE. UU. usa IA para salud mental, pero Lancet alerta: no debe sustituir vínculos humanos

Un estudio de la Universidad Estatal de Arizona en Lancet concluye que los asistentes de IA pueden ayudar al bienestar adolescente si son un complemento, pero perjudican cuando reemplazan relaciones humanas.

04 de julio de 2026 a las 09:20h
Uno de cada cinco jóvenes en EE. UU. usa IA para salud mental, pero Lancet alerta: no debe sustituir vínculos humanos
Uno de cada cinco jóvenes en EE. UU. usa IA para salud mental, pero Lancet alerta: no debe sustituir vínculos humanos

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Uno de cada cinco adolescentes y adultos jóvenes en Estados Unidos ya recurre a asistentes de inteligencia artificial para pedir orientación sobre salud mental. La cifra ha crecido durante el último año, pero el nuevo estudio publicado en Lancet coloca una condición incómoda sobre la mesa.

Cuando la IA acompaña, ayuda.

El problema aparece cuando ocupa el lugar de otras personas. El trabajo, liderado por la Universidad Estatal de Arizona, concluye que estos asistentes favorecen el bienestar psicológico de los adolescentes si funcionan como complemento, pero resultan perjudiciales cuando sustituyen las relaciones humanas.

La adolescencia todavía aprende hablando con otros

Ahí está el punto delicado del estudio. No discute solo qué puede hacer una máquina, sino qué pierde un adolescente cuando reemplaza conversaciones, apoyo y fricción cotidiana por respuestas inmediatas en pantalla.

Thao Ha, profesora y autora principal de la investigación, sitúa el foco en una etapa vital que no suele admitir atajos.

"La gente no se da cuenta de que el aprendizaje relacional ocurre durante la adolescencia y que estos momentos de conexión social son pequeños componentes básicos que se convierten en cosas más grandes, que te beneficiarán a lo largo de la vida. Realmente necesitas esos componentes básicos para aprender las habilidades que requieres para prosperar en tus relaciones". - Thao Ha, profesora y autora principal del estudio de la Universidad Estatal de Arizona

Su idea apunta a algo muy concreto. La adolescencia no solo sirve para atravesar cambios emocionales, también funciona como un laboratorio de ensayo para discutir, confiar, reparar malentendidos y aprender a pedir ayuda cara a cara.

En esa tensión encaja bien la confianza juvenil en chatbots, porque el atractivo de una respuesta disponible al instante puede aliviar un momento difícil y, al mismo tiempo, vaciar de práctica habilidades que solo se adquieren con otras personas.

El alivio inmediato no siempre enseña a relacionarse

La expansión de estos usos tiene lógica cotidiana. Un asistente de IA responde a cualquier hora, no juzga y reduce la barrera inicial de contar algo que a muchos adolescentes les cuesta verbalizar ante familiares, amigos o profesionales.

Pero esa misma facilidad puede convertirse en trampa. Si la conversación digital deja de ser apoyo y pasa a ser refugio principal, el bienestar inmediato compite con un aprendizaje relacional que necesita presencia humana, incomodidad y tiempo.

Los autores del estudio piden a las empresas tecnológicas medidas de protección adaptadas a menores de edad.

También reclaman que el bienestar psicológico pese más que el tiempo de uso. No es una discusión menor, porque diseñar un sistema para retener atención no equivale a diseñarlo para proteger a quien todavía está aprendiendo a construir vínculos.

Esa contradicción ya asoma en el uso de IA como apoyo emocional, donde la herramienta aparece como refuerzo útil, pero no como sustituto de los profesionales ni de las relaciones que enseñan a un adolescente a sostenerse fuera de la pantalla.

El estudio de Lancet no cuestiona el uso complementario de la IA, cuestiona su reemplazo de los vínculos humanos. Y en salud mental adolescente esa diferencia lo cambia casi todo.

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