Veeam alerta: el 70% de las empresas en EMEA usa IA con datos confidenciales sin supervisión completa

Un estudio de Veeam revela que el 70% de las organizaciones en EMEA ya tiene flujos de IA con acceso a datos sensibles sin control total.

10 de septiembre de 2026 a las 10:44h
Veeam alerta: el 70% de las empresas en EMEA usa IA con datos confidenciales sin supervisión completa
Veeam alerta: el 70% de las empresas en EMEA usa IA con datos confidenciales sin supervisión completa

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El problema ya no es si la inteligencia artificial entra en la empresa, sino por dónde lo hace cuando nadie mira.

Un estudio de Veeam publicado el 9 de septiembre de 2026 pone cifras a esa zona ciega. En la región EMEA, el 70% de las organizaciones reconoce que sus flujos de trabajo de inteligencia artificial interactúan con datos corporativos confidenciales sin supervisión completa.

Los agentes sombra ya operan fuera del radar técnico

A la vez, el 67% afirma que los empleados están creando flujos de trabajo autónomos de inteligencia artificial que los equipos de tecnología no pueden rastrear de forma adecuada. Ahí aparece una contradicción incómoda, porque muchas compañías aceleran la automatización mientras pierden visibilidad sobre quién conecta qué herramienta con qué dato.

En Alemania, el 81% de los directivos admite que los flujos de trabajo automatizados usan datos sensibles sin supervisión y el 79% detecta procesos al margen de los departamentos de tecnología. El Reino Unido tampoco queda lejos, ya que el 75% de las organizaciones reconoce no contar con la supervisión adecuada sobre estas herramientas.

Quizá la palabra sombra suene abstracta, pero el efecto es muy concreto.

Cuando un empleado enlaza un agente con repositorios internos, bases de clientes o documentación financiera sin control completo, la gobernanza deja de ser una capa administrativa y pasa a rozar la responsabilidad personal. El estudio recoge que el 58% de las empresas ya está sujeto a nuevas leyes de responsabilidad corporativa y que un 12% aún ve esas responsabilidades como compartidas y poco claras. Ese desajuste explica por qué la automatización ya no se discute solo en los equipos técnicos, sino también en los comités de dirección.

La presión regulatoria ya llegó a los despachos

El 40% de los ejecutivos expresa preocupación por las consecuencias personales de la normativa. Otro 39% detecta un mayor escrutinio interno y el 37% nota un incremento del estrés laboral.

Además, el 32% admite tensiones en las cúpulas directivas. No resulta extraño que, en paralelo, el 45% considere que este contexto ha servido para mejorar la alineación estratégica del liderazgo, porque la presión regulatoria obliga a ordenar responsabilidades que antes podían quedar difusas.

Esa mezcla de temor y disciplina tiene mucho que ver con la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea, que el 83% de los responsables encuestados valora de forma positiva. Aun así, el 62% sostiene que las ambigüedades del texto pueden derivar en riesgos de incumplimiento y el 63% teme inconvenientes operativos o legales no intencionados.

Europa aprieta, pero las dudas no desaparecen

No se trata solo de aceptar una norma, sino de interpretarla sin tropezar. La inquietud ante esas zonas grises alcanza al 74,4% de las compañías del Reino Unido y al 73,6% de las de Alemania, dos mercados donde la adopción de herramientas autónomas convive con dudas sobre control y trazabilidad.

En Oriente Medio y África aparece otra dependencia que complica el mapa. El 41% de las empresas recurre en exclusiva a proveedores globales de inteligencia artificial, una elección que puede simplificar el despliegue pero también concentra decisiones delicadas sobre datos, supervisión y cumplimiento, igual que ya ocurre en agentes con datos verificados.

Visto en conjunto, el estudio dibuja una escena poco vistosa y muy cotidiana. La inteligencia artificial no entra solo por grandes proyectos aprobados en consejo, también se cuela por automatizaciones pequeñas, útiles y difíciles de vigilar, una lógica que recuerda a millones de agentes internos que ya obligan a pensar quién controla a quién.

Hay una cifra que resume mejor que ninguna otra el tamaño del dilema, porque el 70% de las organizaciones admite que la IA ya toca datos confidenciales sin supervisión completa.

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