Añadir Mangas Verdes como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
Comprar en internet ya no depende solo de una persona frente a la pantalla. Walmart abrió el 21 de octubre de 2026 una beta por invitación para que agentes de inteligencia artificial compren en su web en nombre del cliente.
La novedad no consiste solo en dejar que un asistente sugiera productos. Walmart ha montado un canal técnico sobre el protocolo MCP y obliga a que ese tráfico pase por Sparky, su asistente de compras, con la promesa de un proceso “más rápido y fiable” de principio a fin.
Walmart puso barreras antes de abrir la puerta
Ahí aparece la parte menos vistosa y más decisiva del anuncio. La beta puede suspenderse en cualquier momento, una fórmula que retrata hasta qué punto el comercio con agentes todavía se mueve sobre terreno inestable.
El mes siguiente al anuncio llegarán los perfiles de agente. Cada uno tendrá un perfil dedicado dentro de la cuenta del usuario, una separación que busca ordenar quién compra, con qué permisos y bajo qué límites.
Los controles de gasto marcan la frontera real de esa autonomía.
Walmart permite dos esquemas. El cliente puede aprobar cada compra una a una o autorizar por adelantado operaciones dentro de un techo fijado por él mismo, con ejemplos de 50, 100 y 200 dólares.
También protege la capa más sensible del pago. Los agentes no reciben los datos de la tarjeta y tampoco pueden añadir ni cambiar métodos de pago, de modo que la empresa reserva ese punto crítico al titular de la cuenta.
Si un agente incumple los términos, Walmart lo bloqueará del acceso al sitio. No parece un detalle menor, porque la discusión sobre estos sistemas ya ha salido del laboratorio y ha entrado de lleno en los tribunales, igual que ocurrió en riesgos de la IA agéntica cuando una herramienta actúa sobre servicios vivos.
Amazon discutió en los tribunales quién entra de verdad en una web
Amazon lleva casi un año librando esa batalla por otra vía. El 4 de noviembre de 2025 demandó a Perplexity ante el tribunal federal del Distrito Norte de California por fraude informático y por el riesgo que, a su juicio, corrían los datos de los clientes.
En marzo de 2026 obtuvo una medida cautelar. El 4 de agosto, sin embargo, el Noveno Circuito la anuló y razonó que quien accede a los ordenadores de Amazon es el usuario, no el agente, al que definió como “una herramienta, no una persona”.
El tribunal evitó además fijar una doctrina general sobre esta clase de software. Dejó por escrito que no estaba creando “un nuevo régimen legal para la IA agéntica”, una cautela que dice mucho sobre lo verde que sigue estando el marco jurídico.
En septiembre, Amazon pidió una nueva vista y no la consiguió.
La tensión siguió fuera del juzgado. El 20 de septiembre bloqueó Muse, el agente de Meta, después de detectar que los usuarios recibían un aviso donde se les informaba de que el acceso continuado por parte de un agente de IA no autorizado violaba las condiciones de uso de Amazon.
Amazon sostuvo tres objeciones concretas. La empresa dijo que Meta no avisó, que el agente no se identifica al navegar y que además parece capturar y almacenar credenciales de clientes.
La pelea no es solo técnica porque la publicidad pesa demasiado
Detrás de esta dureza hay una pregunta muy terrenal. Si un agente decide qué mostrar, qué comparar y qué comprar, también decide qué espacio queda para la publicidad dentro de la experiencia de compra.
Amazon ingresó 19.800 millones de dólares en publicidad durante el segundo trimestre de 2026. Y las previsiones apuntan a que sus ingresos publicitarios en Estados Unidos crecerán un 17,9% en 2026 hasta 56.710 millones de dólares, una cifra que ayuda a entender por qué el acceso automatizado no se trata como un simple problema técnico.
Ya había señales de esa ambivalencia mucho antes. Andy Jassy, consejero delegado de Amazon, dijo en la llamada de resultados del tercer trimestre de 2025 que esperan asociarse con agentes de terceros con el tiempo, pero añadió que primero deben encontrar una fórmula que funcione para el cliente.
"Ahora mismo, diría que la experiencia del cliente no lo es, porque no hay personalización, no hay historial de compras" - Andy Jassy, consejero delegado de Amazon
La objeción encaja con algo que también ha medido Walmart en su propia casa. Tras haber sido socio de lanzamiento del pago integrado de OpenAI en septiembre de 2025, la cadena informó en marzo de 2026 de que las compras a través de ChatGPT convertían tres veces peor que los enlaces normales.
OpenAI cerró esa función de compras integradas ese mismo mes. El giro recuerda a búsquedas agénticas y compra donde la conversación gana terreno, aunque convertir esa comodidad en ventas sigue siendo otra historia.
Entre los límites de 50, 100 y 200 dólares y una conversión tres veces peor en ChatGPT, el comercio con agentes deja una imagen menos limpia de lo que promete la automatización, porque comprar sin fricción resulta atractivo hasta que toca decidir quién controla el pago, los datos y el escaparate.