Yann LeCun lleva años lanzando la misma advertencia, pero esta vez lo hace mientras el acceso a ciertos modelos empieza a estrecharse.
El 10 de abril Anthropic liberó Claude Mythos Preview y el Gobierno de Estados Unidos prohibió el uso del modelo comercial Fable 5 a quienes no sean ciudadanos estadounidenses. Entre una apertura parcial y un cierre por nacionalidad asoma la batalla que recorre hoy la inteligencia artificial.
LeCun atacó la idea de que unos pocos decidan quién puede usar la IA
Desde 2013, cuando asumió la dirección de la inteligencia artificial en Facebook, LeCun se ha convertido en una de las voces más persistentes contra el control cerrado de estas herramientas. Su crítica no apunta solo a la competencia entre empresas, sino a la pretensión de que el conocimiento técnico deba circular con permiso.
Ahí sitúa una de las sospechas que más pesan en el debate. Yann LeCun, responsable de inteligencia artificial en Facebook, dijo que mucha gente, en especial quienes están cerca del Gobierno de Estados Unidos, cree que la IA no puede ser open source porque ese espacio ya estaría ocupado por compañías chinas.
LeCun también carga contra quienes presentan esa restricción como una forma de protección. Para él, el problema no es solo técnico, sino político.
"Anthropic, y otros pocos, son un lobby que, esencialmente, quieren que la IA no sea open source porque creen que es una tecnología intrínsecamente peligrosa". - Yann LeCun, responsable de inteligencia artificial en Facebook
Su lenguaje no suele ser diplomático. Cuando habla de bloquear herramientas por peligrosidad, lo equipara con el oscurantismo medieval y remata la idea con una comparación doméstica que cualquiera entiende, porque nadie espera que quien vende un bolígrafo dicte después lo que puede escribirse con él.
Steven Levy, periodista de Wired, llevó esa discusión a un terreno todavía más incómodo al comparar estas restricciones con la Iglesia católica llamando hereje a Galileo. La imagen no resuelve el dilema, pero deja claro hasta qué punto la pelea sobre modelos abiertos y cerrados ya se cuenta como una disputa por el control del conocimiento.
Para LeCun, los modelos actuales apenas ordenan lo que ya sabemos
LeCun sostiene que la inteligencia artificial actual no genera conocimiento nuevo, sino que distribuye con facilidad el conocimiento humano ya almacenado. Su definición rebaja bastante la épica que suele rodear a los modelos de lenguaje.
Lo que hoy deslumbra en muchos chatbots, viene a decir, se parece más a una Wikipedia vitaminada y a un teclado predictivo que a una inteligencia capaz de comprender el mundo. En esa misma discusión encaja la pugna por los modelos abiertos, donde no solo compiten prestaciones, también formas opuestas de repartir acceso.
No le basta con que una máquina responda bien.
Yann LeCun, responsable de inteligencia artificial en Facebook, plantea que un sistema agéntico solo será fiable si puede anticipar el resultado y las consecuencias de sus propias acciones. Añadió incluso una pulla política al recordar que la mayoría de nosotros tenemos esa capacidad, aunque quizá algunos políticos no.
El salto que imagina no está en escribir mejor, sino en prever el mundo
Su propuesta técnica gira alrededor de una idea sencilla de formular y muy difícil de construir. Hay que entrenar modelos capaces de predecir el estado futuro del mundo en t + 1, donde ese salto puede equivaler a 10 milisegundos, un segundo, un minuto o diez años.
Esa obsesión explica también por qué lleva 15 años trabajando en aprendizaje autosupervisado mediante predicción de vídeo. Abandonó los modelos generativos a nivel de píxel para centrarse en representaciones abstractas, una vía que además conecta con los modelos que intentan comprender el espacio en vez de limitarse a producir texto o imágenes convincentes.
Visto así, la disputa no enfrenta solo a empresas con estrategias distintas. En el fondo, también separa dos maneras de entender qué es hoy una IA útil, una que resume y recombina lo que ya existe y otra que aspira a prever consecuencias antes de actuar.
La paradoja es nítida. Mientras una parte de la industria discute quién puede tocar ciertas herramientas, LeCun insiste en que esas mismas herramientas todavía no piensan, apenas reorganizan repositorios de conocimiento humano.