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Apple quiere que el próximo iPhone se parezca menos a una compra y más a una cuota mensual.
La compañía ha presentado Apple Upgrade en Estados Unidos, un programa de leasing de hardware para iPhone, Mac, iPad y Apple Watch. Klarna gestionará la financiación y asumirá el riesgo financiero, mientras Apple mantendrá la relación directa con el cliente.
Apple recupera una idea que ya tropezó en 2023
No llega desde cero. Apple canceló en 2023 un programa interno de suscripción de hardware por dificultades técnicas y por presión regulatoria, después de haber lanzado en 2015 un servicio de renovación anual del iPhone y de cerrar más tarde Apple Pay Later.
Ahora cambia una pieza clave del engranaje, porque delega la financiación en un socio externo en lugar de cargar con toda la operativa. Ese movimiento permite entender por qué el programa reaparece como leasing y no como aquella suscripción propia que no terminó de cuajar.
El calendario de contratos también marca diferencias claras entre productos.
Para iPhone y Apple Watch, Apple ofrece plazos de entre 12 y 24 meses. En iPad y Mac, los contratos van de 24 a 36 meses, con tres salidas posibles al final del recorrido, devolver el dispositivo, cambiarlo por uno nuevo o pagar el importe restante.
La cuota mensual rebaja el golpe inicial
Un iPhone 17 Pro Max cuesta 1.199 dólares, mientras la cuota mensual anunciada para entrar en el programa arranca en 34,99 dólares. La distancia entre ambas cifras explica bastante bien a quién intenta seducir Apple, al cliente que quiere renovar hardware sin asumir de golpe un desembolso de cuatro cifras.
Ahí aparece una tensión muy concreta. Si los próximos modelos superan los 2.000 dólares, como se espera, la cuota deja de ser solo una fórmula de pago y pasa a convertirse en una herramienta para hacer digerible un precio cada vez más alto, igual que ya ocurría en otros sectores con el coche o la vivienda.
Esa lógica no afecta igual a todo el negocio.
El margen explica por qué Apple no quiere soltar al cliente
En sus últimas cifras trimestrales, Apple ingresó 109.400 millones de dólares. De esa cantidad, 78.800 millones procedieron del hardware y 30.700 millones de los servicios.
El iPhone por sí solo aportó 54.300 millones de dólares, una cifra que sigue retratando al teléfono como el gran eje comercial de la compañía. Pero los márgenes cuentan otra historia, porque el beneficio bruto del hardware fue de 31.500 millones con un margen aproximado del 40%, frente a 23.200 millones en servicios con un margen del 76%.
Visto así, Apple gana menos margen con cada aparato que con los servicios que lo rodean. Mantener el vínculo comercial mientras Klarna carga con el riesgo financiero no parece un detalle administrativo, sino una forma de seguir controlando la puerta de entrada a ese negocio más rentable.
De hecho, esta fórmula encaja con la presión de los precios, en un momento en que el coste del hardware aprieta más que hace unos años.
También enlaza con la puerta de entrada al ecosistema, donde el precio inicial condiciona quién puede entrar y quién se queda mirando desde fuera.
Al final, la cifra que mejor resume la jugada no es 34,99 dólares al mes, sino 76%. Ese es el margen bruto de los servicios frente al 40% del hardware, y ahí se entiende por qué Apple prefiere no perder de vista al cliente aunque otro asuma el riesgo del cobro.