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Game Pass nació en 2017 con una ambición muy concreta, llegar a 77 millones de suscriptores en el año fiscal 2026. Hoy está en 30 millones.
La distancia no es solo numérica. Xbox cuenta ahora con cuatro millones menos de miembros que en los datos públicos de 2024, una caída que coincide con un giro incómodo en su estrategia comercial y en la estructura interna de la compañía.
Los números del mercado empujaron a Xbox a rectificar
En Estados Unidos, la mayor parte de los jugadores compra como mucho dos juegos al año y un tercio del mercado no adquiere ni uno solo. Ese dato ayuda a entender por qué un catálogo por suscripción parecía una respuesta lógica para atraer a quien juega poco y gasta menos.
Asha Sharma, consejera delegada de Xbox, tomó la decisión de bajar el precio de Game Pass. La medida contrasta con la subida del 50% anunciada en octubre, un movimiento que encareció el servicio justo cuando la compañía necesitaba ampliar base y no estrecharla.
La prueba más dura llegó con Call of Duty.
Xbox perdió más de 300 millones de dólares en 2024 por las ventas de Call of Duty Black Ops 6 en consolas y PC al incluir el juego en Game Pass desde el día de su lanzamiento. Mientras tanto, PlayStation concentró el 82% de las ventas de Call of Duty ese mismo año.
Ese contraste explica el cambio de calendario. Los nuevos Call of Duty llegarán a Game Pass un año después de su lanzamiento comercial, y Call of Duty Modern Warfare 4 se incorporará en octubre de 2027.
Microsoft mantiene la inversión mientras reduce el alcance de la suscripción
Microsoft sigue destinando 1.000 millones de dólares al año para incluir juegos de terceros en Game Pass. La cifra retrata una paradoja clara, porque la compañía mantiene una inversión enorme en el servicio al mismo tiempo que limita una de las ventajas que más lo diferenciaban.
También hay un mensaje hacia la consola. Xbox convertirá sus mejores juegos en exclusivos de consola, con Gears of War E-Day en 2026 y Clockwork Revolution en 2027, un movimiento que recupera una lógica clásica del negocio tras años de empujar la idea de acceso desde cualquier pantalla.
Por el camino, la reorganización golpea a los estudios.
Xbox ha anunciado una quinta oleada de despidos desde la compra de Activision Blizzard que afectará a 3.200 empleados durante el próximo año. En paralelo, Ninja Theory, Undead Labs, Double Fine y Compulsion Games se separan de Xbox Game Studios, y estos dos últimos pasan a ser estudios independientes.
Arkane también se separará de Xbox Game Studios en los próximos meses. Esa cadena de salidas encaja con una revisión más amplia del mapa interno de Microsoft, en una semana marcada además por recortes de 3.200 empleos en Xbox.
Bethesda deja de mirar estudio por estudio
Jill Braff, presidenta de Bethesda, ha comunicado que la compañía cambiará su modelo de planificación para centrarse en sus franquicias más fuertes, entre ellas Doom, Quake, The Elder Scrolls y Fallout. La decisión deja en segundo plano una lógica más autónoma para cada estudio y concentra recursos en marcas ya consolidadas.
"Estos cambios también reflejan las realidades de nuestra industria y nuestro negocio, y nuestra responsabilidad de garantizar que Bethesda opere desde una base más estable". - Jill Braff, presidenta de Bethesda
En una segunda explicación, Braff describió el viraje como el paso de un modelo centrado en qué venía después para cada estudio independiente a otro orientado a las franquicias más fuertes. Esa formulación sitúa el debate en un terreno menos creativo y más financiero, muy cerca de lo que ya muestran las grandes olas de despidos tecnológicos.
Al final, el dato que más pesa quizá no sea la subida del 50%, ni los 1.000 millones anuales, ni siquiera los más de 300 millones perdidos con Black Ops 6. Es que un servicio pensado para llegar a 77 millones de suscriptores en 2026 se ha quedado en 30 millones y ha obligado a retrasar un año la llegada de Call of Duty.