Las 10.000 horas no bastan: Ericsson las llamó una versión errónea de su investigación

Anders Ericsson estudió durante 44 años la práctica deliberada, pero rechazó la regla popular de las 10.000 horas. Un análisis de 2014 mostró que la práctica explica solo parte del rendimiento.

01 de julio de 2026 a las 16:38h
Las 10.000 horas no bastan: Ericsson las llamó una versión errónea de su investigación
Las 10.000 horas no bastan: Ericsson las llamó una versión errónea de su investigación

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Hay ideas que se pegan a la cultura popular con una facilidad pasmosa. Una de ellas asegura que basta con acumular 10.000 horas de práctica para dominar casi cualquier cosa, como si el aprendizaje tuviera un contador y al llegar a cierta cifra sonara una campana.

La fórmula no salió de un laboratorio con ese sentido tan rotundo.

Anders Ericsson nunca dijo que el talento sobrara

En 1993, Anders Ericsson publicó sus conclusiones sobre la práctica deliberada después de dedicar 44 años a estudiar a bailarinas, cirujanos y violinistas. Su trabajo miraba cómo entrenan quienes mejoran mucho, no cómo borrar de un plumazo las diferencias entre personas, contextos y disciplinas.

Más tarde, un periodista condensó aquella investigación en una frase que hizo fortuna y que aún circula con la fuerza de un eslogan. La resumió así, con una seguridad casi publicitaria, que no hace falta talento y que solo cuentan 10.000 horas de práctica.

Ericsson rechazó esa lectura. El psicólogo calificó la regla de las 10.000 horas como una versión errónea en varios sentidos de su propia investigación.

A veces una simplificación gana porque cabe mejor en una conversación, en un titular o en una charla motivacional. También porque resulta tranquilizadora, ya que promete una especie de justicia mecánica donde el esfuerzo siempre produce el mismo resultado.

Los números muestran que practicar ayuda, pero no explica todo

En 2014, Brooke N. Macnamara publicó un análisis que puso cifras a esa discusión y rebajó bastante el mito. El psicólogo cuantificó que la práctica deliberada explica el 26% del rendimiento en juegos, el 21% en música y el 18% en deportes.

La caída sigue cuando el foco cambia de terreno. En educación, la práctica deliberada explica el 4% y en el desempeño profesional, menos del 1%.

Esos porcentajes no dicen que entrenar dé igual. Dicen algo más incómodo y más realista, que mejorar depende también del tipo de actividad, del entorno en que uno aprende y de cuánto sirve la repetición para corregir errores concretos.

Ese matiz encaja con la discusión sobre talento que aparece una y otra vez en ámbitos muy distintos, desde la formación hasta el trabajo. No es lo mismo repetir una escala con feedback inmediato que tomar decisiones complejas en un puesto donde las reglas cambian cada semana.

Robin Hogarth puso nombre a los lugares donde repetir no basta

Robin Hogarth llamó entornos perversos a los ámbitos sin reglas claras ni patrones repetitivos donde el feedback resulta vital. En esos escenarios, la experiencia por sí sola puede engañar, porque uno acumula tiempo sin acumular necesariamente aprendizaje útil.

Ahí la promesa de las 10.000 horas se resquebraja con más ruido. Un cirujano, una bailarina y un violinista no entrenan dentro del mismo tipo de mundo, y mucho menos alguien que trabaja en tareas profesionales abiertas, cambiantes o mal medidas.

Dragon Ball lo resolvió a su manera mucho antes de que la psicología popular convirtiera una cifra en dogma.

La Sala del Espíritu del Tiempo funciona en el anime, no siempre en la vida

En Dragon Ball, la Sala del Espíritu del Tiempo comprime el calendario hasta volverlo casi absurdo, con un año en su interior por cada día en el exterior. Goku, Vegeta y Gohan entrenaron allí como si el tiempo pudiera doblarse igual que un músculo.

La imagen es potente porque convierte una intuición muy humana en fantasía perfecta. Si hubiera más horas, pensamos, llegaríamos antes a cualquier meta.

Pero ni siquiera fuera de la ficción el tiempo actúa solo, y la historia de Paganini ayuda a recordarlo dentro del viejo imaginario del genio musical. Contar horas sirve, aunque entender qué ocurre dentro de esas horas sirve bastante más.

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