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Un reloj infantil que sigue enviando su posición durante unos cinco días incluso después de apagarse no se parece mucho a la idea clásica de un wearable para niños.
Xiaomi ha presentado en China el REDMI Kids Watch Pro con un precio de 1.199 yuanes, unos 155 euros al cambio. La propuesta mezcla funciones de comunicación, control parental y vigilancia física en un formato pensado para la muñeca de un menor.
El reloj mantiene el rastro cuando el dispositivo ya no responde
Ahí está una de las claves del dispositivo, porque la arquitectura de doble chip mantiene activo el sistema de rastreo durante aproximadamente cinco días cuando el reloj se apaga o pierde la conexión. En un producto dirigido a familias, ese detalle cambia bastante el tipo de tranquilidad que promete.
Además, incorpora la tercera generación de posicionamiento por plantas mediante inteligencia artificial. Eso le permite identificar en qué planta concreta está el menor y actualizar su ubicación cada pocos segundos.
Ya existen otros relojes de la marca centrados en autonomía y salud, como los Redmi Watch 6 NFC, pero aquí el argumento principal no es pagar con la muñeca ni alargar la batería en uso normal. Aquí todo gira alrededor de saber dónde está el niño y qué hace con el dispositivo.
Dos cámaras miran desde la muñeca y una aparece al levantar la carcasa
El diseño incluye un módulo abatible con dos cámaras de 5 megapíxeles. Una está situada en el marco de la pantalla y la otra aparece al levantar la carcasa, una solución poco habitual en un reloj infantil.
No se queda ahí.
El REDMI Kids Watch Pro también admite llamadas y mensajes a través de las versiones infantiles de WeChat y QQ. Eso convierte el reloj en una pequeña terminal de contacto permanente, con cámara, mensajería y localización en el mismo cuerpo.
La app de los padres vigila uso, horarios y llegada al colegio
La aplicación parental muestra los periodos de uso, la actividad y las aplicaciones abiertas. También permite imponer límites horarios y bloquea funciones cuando detecta que el niño ha llegado al colegio.
Esa capa de supervisión encaja con otras líneas recientes de la compañía en dispositivos de muñeca, desde el control de riesgos de salud hasta la gestión del descanso y la actividad física. En este caso, sin embargo, la lógica cambia, porque el centro no es el usuario que consulta sus datos, sino el adulto que observa desde otra pantalla.
También hay medición continuada del ritmo cardíaco y de la saturación de oxígeno. A eso suma el registro de 18 disciplinas deportivas y cinco pruebas de condición física.
Una de las funciones más concretas es la alerta para zonas acuáticas cuando el menor se acerca a una piscina, un lago o un río. En un reloj para niños, esa elección dice mucho sobre el tipo de riesgos cotidianos que intenta cubrir.
El resultado final dibuja un dispositivo que hace más cosas de las habituales en esta categoría y que, al mismo tiempo, plantea una escena muy reconocible. Un niño lleva un reloj en la muñeca, pero quien de verdad lo consulta es el adulto que recibe avisos, revisa horarios y puede seguir la posición por plantas cada pocos segundos.