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Cuando una delegación del regulador de precios entra en Xiaomi para hablar a la vez de coches eléctricos y teléfonos móviles, la señal va más allá de una visita institucional. En China, los dos mercados comparten ya una misma tensión, vender más sin convertir el precio en una guerra que termine dañando a fabricantes y proveedores.
Liu Gang, subdirector del Centro de Supervisión de Precios de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, encabezó el encuentro.
Su objetivo fue recoger propuestas sobre una competencia más ordenada en el automóvil. Xiaomi trasladó allí una idea muy concreta, su rechazo a competir en ese mercado únicamente mediante descuentos.
Lu Weibing admite que el móvil vive su tramo más difícil
No es una discusión aislada del coche. Lu Weibing, presidente de Xiaomi, sostuvo que el sector móvil atraviesa su momento más difícil en cerca de una década y situó el aumento descontrolado de los costes entre los problemas centrales de la industria.
Ese encarecimiento golpea con más fuerza a los terminales de precio bajo. Ahí cualquier subida en componentes, logística o fabricación aprieta un margen que ya venía ajustado y obliga a mirar el precio final con una precisión casi quirúrgica.
Hay una paradoja evidente.
La misma empresa que rechaza basar el coche en descuentos describe un mercado móvil asfixiado por los costes, una combinación que ayuda a entender por qué Pekín quiere escuchar al sector antes de que la competencia derive en un deterioro más profundo. En paralelo, Xiaomi ha arrastrado esa doble exposición entre smartphones y automóvil en la caída reciente de sus móviles.
El Gobierno chino inyecta dinero para acelerar la renovación
Mientras el regulador pregunta por precios y equilibrio competitivo, el Gobierno chino ha activado una tercera partida de fondos para programas de renovación de productos. La cifra asciende a 62.500 millones de yuanes, cerca de 8.000 millones de euros.
Esos recursos públicos buscan incentivar la sustitución de móviles, electrodomésticos y vehículos. Dicho de otra manera, el Estado intenta empujar la demanda justo en tres categorías donde el consumidor suele retrasar la compra cuando percibe incertidumbre o nota que el ahorro manda más que la novedad.
No deja de ser llamativo que el mismo debate una teléfonos y coches bajo el paraguas de los precios y también bajo el de las ayudas. Xiaomi lleva tiempo moviéndose en ese cruce entre electrónica de consumo y movilidad, un terreno que ya se veía en las entregas de su división de vehículos.
Xiaomi también liga la competencia al plazo de pago
En la reunión, la compañía respaldó además el compromiso de pagar a sus proveedores en un plazo máximo de 60 días. Ese detalle convierte la discusión sobre precios en algo más amplio que una simple etiqueta en el escaparate.
Porque una competencia ordenada no depende solo de cuánto cuesta un coche o un móvil al comprador. También depende de cuánto tarda en cobrar quien fabrica piezas, ensambla componentes o sostiene la cadena industrial cuando los márgenes se estrechan.
Al final, la fotografía combina tres cifras y una misma inquietud, 60 días para pagar a proveedores, 62.500 millones de yuanes en ayudas públicas y un mercado móvil que, en palabras de Lu Weibing, atraviesa su momento más difícil en cerca de una década.