Agentes de IA empujan a fundadores a jornadas de 72 horas y a revisar permisos desde el Apple Watch

En Silicon Valley, el éxito de los agentes de IA está disparando jornadas de hasta 72 horas semanales y una disponibilidad permanente que invade incluso el descanso y el ejercicio.

26 de agosto de 2026 a las 16:31h
Agentes de IA empujan a fundadores a jornadas de 72 horas y a revisar permisos desde el Apple Watch
Agentes de IA empujan a fundadores a jornadas de 72 horas y a revisar permisos desde el Apple Watch

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En 2026, después del éxito viral de OpenClaw, las empresas se han llenado de agentes de IA.

La promesa era simple y seductora. Si una máquina puede seguir trabajando mientras una persona duerme, come o sale a correr, cada pausa humana empieza a parecer un cuello de botella.

Trabajar más ya se vendió como una ventaja competitiva

Aditya Sharma, cofundador de Keel, se acuesta a las 6 de la mañana atendiendo peticiones de esos agentes. Para él, el coste de que los agentes estén bloqueados durante ocho horas es excesivamente alto, una frase que convierte el descanso en una pérdida de rendimiento.

"El coste de que los agentes estén bloqueados durante ocho horas es excesivamente alto" - Aditya Sharma, cofundador de Keel

No habla de una metáfora ligera. En esta nueva cultura de Silicon Valley, trabajar 72 horas semanales es la norma, como si el reloj hubiera dejado de medir jornadas y solo contara ventanas de ejecución.

Lucy Guo, cofundadora de Scale AI, lo formula con una crudeza aún mayor.

"Si quieres irte a las 5 no estás en el trabajo adecuado" - Lucy Guo, cofundadora de Scale AI

La referencia de Guo a la jornada 996 coloca el debate en un terreno conocido y áspero. Ya no se trata solo de entusiasmo por una herramienta, sino de una disciplina laboral en la que la disponibilidad permanente empieza a confundirse con compromiso.

Los agentes aceleran tanto que el cuerpo ya no marca el ritmo

Peter Pezaris, fundador de Proxon, asegura que su empresa funciona 30 veces más rápido gracias a los agentes de IA.

Empieza a trabajar a las 7:30 de la mañana y alarga la jornada hasta las 2 de la madrugada. Después describe esa aceleración con una imagen difícil de ignorar, una mezcla de dependencia y vértigo que ayuda a entender por qué cuesta tanto frenar.

"Es como una droga. Nunca he consumido drogas, pero me imagino que se siente igual" - Peter Pezaris, fundador de Proxon

Su comparación no aporta una cifra, pero sí retrata una lógica emocional muy concreta. Cuando además afirma que cada minuto que no trabaja equivale a perder una semana de trabajo, la velocidad deja de ser una mejora técnica y pasa a ordenar la vida entera.

Ajay Kalia, fundador de la startup Alt, también trabaja hasta 15 horas diarias.

Los avisos de sus agentes le llegan al Apple Watch, de modo que la oficina ya no termina en la mesa ni en la pantalla del portátil. Incluso correr, una actividad asociada a despejar la cabeza, queda invadido por decisiones pendientes y permisos que alguien debe conceder al instante.

"No sé si es sano para mí salir a correr mirando el reloj para darle permiso a mi agente para hacer algo" - Ajay Kalia, fundador de Alt

Esa escena cotidiana dice mucho más que cualquier manual de productividad. Un reloj pensado para medir pasos o pulsaciones acaba funcionando como una correa digital que tira del trabajador incluso fuera del despacho.

La contradicción ya está a la vista y nadie parece querer bajarse

Kalia lo resume con una franqueza poco habitual.

"Todos reconocen en voz baja que, por un lado, es insostenible, pero, por otro, ¿por qué parar?" - Ajay Kalia, fundador de Alt

Ahí aparece la grieta central de esta fiebre laboral, muy parecida a la que ya asomó en el modelo sigue al sol, donde la IA reduce los tiempos muertos entre turnos. Todo el mundo admite el desgaste, pero la ganancia de velocidad pesa tanto que la renuncia parece más difícil que el exceso.

Algo parecido ocurre en el debate sobre la cultura 996, discutida incluso dentro del propio sector de la IA. La paradoja no puede ser más nítida, porque las herramientas nacidas para automatizar trabajo están empujando a algunos fundadores a vivir más pendientes del trabajo que antes.

Entre jornadas de 72 horas semanales, noches que terminan a las 6 de la mañana y relojes que vibran durante una carrera, la automatización no ha borrado el agotamiento. Solo le ha dado una cadencia nueva.

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