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Anthropic llega a Wall Street con una paradoja difícil de disimular. La empresa que presentó en junio de 2026 su oferta pública inicial de forma confidencial quiere convertir el entusiasmo por la inteligencia artificial en una salida a bolsa de alrededor de 2 billones de dólares, pero al mismo tiempo prepara un aviso formal sobre el creciente rechazo a esa misma fiebre inversora y a la infraestructura que la sostiene.
Los números de Anthropic ya superan a OpenAI
En julio de 2026, los ingresos anualizados de Anthropic superaron los 65 mil millones de dólares, unos 25 mil millones por encima del nivel de OpenAI.
Esa cifra ayuda a entender por qué la compañía ya ronda una valoración cercana a 1 billón de dólares en mercados privados. También explica el tono de las reuniones preliminares que ha mantenido con banqueros e inversores en San Francisco mientras espera la publicación del prospecto en las próximas semanas.
Ahora bien, el dinero no está despejando las dudas.
El prospecto recogerá un malestar que ya no cabe tratar como ruido
Anthropic incluirá en ese documento el sentimiento bajista hacia la inteligencia artificial y los centros de datos como un factor de riesgo. No es un detalle menor para una empresa cuyo negocio depende tanto del capital como de la capacidad física para alimentar modelos cada vez más exigentes.
En marzo de 2026, una encuesta de Gallup mostró que siete de cada 10 estadounidenses se oponían a tener un centro de datos de inteligencia artificial cerca, y el 48% decía estar fuertemente en contra. Entre el 8 y el 13 de agosto de 2026, un sondeo de Embold Research a 2.045 votantes registrados elevó ese rechazo al 75%.
Detrás de esos porcentajes hay una discusión mucho más terrenal, desde el consumo eléctrico hasta el uso del suelo y el choque con comunidades vecinales, una tensión que ya apareció en la demanda eléctrica en Nueva York.
La resistencia social ya se está convirtiendo en regulación
Josh Shapiro, gobernador de Pensilvania, firmó una orden ejecutiva que impone normas estrictas para el desarrollo de centros de datos.
Mientras tanto, Kathy Hochul, gobernadora de Nueva York, ordenó una pausa en los permisos de grandes centros de datos nuevos. La política empieza a moverse al ritmo de una percepción pública que dejó de ver estas instalaciones como naves neutrales llenas de servidores.
No es solo un problema de vecindario.
Pew Research determinó que el 71% de los adultos cree que la inteligencia artificial eliminará empleos en Estados Unidos durante las próximas dos décadas. Cuando ese temor convive con proyectos industriales de gran escala, la promesa de eficiencia tropieza con una pregunta muy cotidiana, quién gana y quién asume el coste.
Krishna Rao responde a una presión que no llega por un solo frente
Krishna Rao, director financiero de Anthropic, está contestando preguntas de inversores sobre la competencia y sobre la presión en los márgenes que ejercen los modelos de código abierto. Para cualquier empresa que aspire a una valoración de mercado cercana a 2 billones de dólares, no basta con crecer mucho, también importa cuánto puede defender ese crecimiento cuando la tecnología empieza a abaratarse.
Esa presión no viene aislada. También encaja con el papel creciente de Claude dentro de la propia compañía, una señal de escala interna que convive con un mercado cada vez más agresivo por fuera.
Ahí está el nudo de esta salida a bolsa. Anthropic llega con ingresos que ya la colocan por encima de OpenAI, una valoración privada cercana a 1 billón de dólares y expectativas de estreno en torno a 2 billones, pero también con la obligación de admitir por escrito que una parte muy amplia del país rechaza los centros de datos de los que depende ese negocio.