Argentina quiere admitir empresas operadas por algoritmos y Milei promete el entorno legal más atractivo para la IA

El Gobierno de Milei impulsa una reforma societaria para reconocer corporaciones no humanas, sociedades automatizadas y organizaciones autónomas descentralizadas, con un responsable humano al final de la cadena legal.

12 de junio de 2026 a las 08:36h
Argentina quiere admitir empresas operadas por algoritmos y Milei promete el entorno legal más atractivo para la IA
Argentina quiere admitir empresas operadas por algoritmos y Milei promete el entorno legal más atractivo para la IA

Argentina quiere probar hasta dónde puede llegar una economía cuando la inteligencia artificial no solo ayuda a dirigir empresas, sino que también entra en su propia definición legal. Javier Milei y Federico Sturzenegger han planteado un marco que combina desregulación, atractivo fiscal y una figura inédita en el proyecto de reforma societaria.

En una columna firmada por ambos, el presidente argentino y su ministro de Desregulación y Transformación del Estado compararon a Buenos Aires con Ámsterdam en la era de la navegación. La imagen no es casual. Sugiere una ciudad que busca convertirse en puerto jurídico de una tecnología que todavía discute sus límites en casi todo el mundo.

Milei quiere que la ley admita empresas operadas por algoritmos

El Gobierno presentó una modificación de la Ley de Sociedades para incluir corporaciones no humanas y reconocer sociedades automatizadas operadas mediante algoritmos o sistemas de inteligencia artificial.

Junto a esa reforma, la iniciativa crea Organizaciones Autónomas Descentralizadas. Sus decisiones se tomarían mediante mecanismos automáticos a través de tokens, aunque el texto fija una condición que evita vaciar del todo la responsabilidad un ser humano deberá asumir la responsabilidad legal de esas decisiones.

Ahí aparece la tensión de fondo. El proyecto defiende que estas nuevas formas de organización económica ya existen y que, sin reconocimiento jurídico, pueden moverse en zonas de incertidumbre, informalidad o falta de responsabilidad claramente atribuible.

"Estamos abiertos a los negocios. Queremos ofrecer el entorno legal y fiscal más atractivo para las compañías de IA que definirán el siglo XXI." - Javier Milei, presidente de Argentina

La apuesta no se limita a quitar obstáculos regulatorios. Milei y Sturzenegger propusieron además un compromiso para mantener la inteligencia artificial sin regular, con la idea de que pueda desarrollarse libremente sin lo que definieron como la mano mortal de regulaciones prematuras y mal comprendidas.

Esa discusión sobre control y autonomía no ocurre en el vacío. Mientras otros países endurecen normas o aplazan calendarios, aquí la referencia es la contraria, como muestran los retrasos regulatorios en Europa y el debate sobre hasta dónde debe llegar la supervisión humana.

Peter Thiel ya aparece en el centro de la escena política

Hace unas semanas, Peter Thiel, propietario de Palantir, se reunió con Milei en la Casa Rosada. Después se instaló en Buenos Aires por tiempo indefinido e inscribió a sus hijos en un centro educativo local.

El dato importa por sí solo, pero también por lo que arrastra detrás. Palantir lleva años asociada a inteligencia, defensa y análisis masivo de datos, un perfil que encaja con la advertencia de quienes ven en esta desregulación algo más que una simple reforma mercantil, como ya ocurrió con el papel militar de Palantir.

No resulta extraño, por eso, que la oposición haya reaccionado con un tono de alarma poco habitual incluso para la política argentina.

"Argentina es el lugar elegido para un experimento social de terribles consecuencias para la libertad humana, de pensamiento, de expresión, de vida digna, de espacios de intimidad, de libre albedrío; y esto viene de la mano de la no regulación de la IA que es la disolución de toda regla moral o jurídica, el fin del Estado, la privatización de la fuerza tanto militar como policial en manos de grupos privados." - Elisa Carrió, referente de la oposición argentina

Elisa Carrió fue todavía más lejos al calificar a Milei y a Sturzenegger de inconscientes con mala fe. En su carta abierta, sostuvo que habilitar estos regímenes y esta ideología amenaza a la sociedad en su conjunto y conduce al pleno totalitarismo privado de una corporación, la de Peter Thiel.

La ley intenta ordenar la responsabilidad mientras el discurso pide no regular

Hay una contradicción difícil de pasar por alto. El mismo Gobierno que propone mantener la IA sin regular impulsa a la vez una reforma para dar reconocimiento jurídico a estructuras automatizadas que, sin esa cobertura, podrían quedar en la informalidad o en un terreno de responsabilidad difusa.

Dicho de otro modo, la desregulación aparece aquí como una forma de regulación selectiva. No busca tanto retirar al Estado de la escena como redefinir qué debe reconocer, qué debe permitir y sobre quién recae finalmente la carga legal cuando una decisión nace de un algoritmo y no de una junta de accionistas tradicional.

Ese es el punto que vuelve más delicado todo el debate. La iniciativa abre la puerta a sociedades automatizadas y decisiones tomadas mediante tokens, pero al mismo tiempo obliga a mantener un responsable humano identificable, una pieza muy clásica dentro de una arquitectura que pretende parecer nueva.

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