Argentina quiere hacer algo que hasta hace poco parecía material de ensayo y de ciencia ficción. El Gobierno de Javier Milei impulsa un proyecto legislativo para dar personería jurídica con responsabilidad limitada a compañías administradas por sistemas de inteligencia artificial.
La idea no llega sola. Se acompaña de otro proyecto que ofrece beneficios fiscales, aduaneros, cambiarios y regulatorios a inversiones superiores a 1.000 millones de dólares en industrias consideradas nuevas para el país, y también de una flexibilización de la normativa que hoy limita la compra de tierras por extranjeros.
Harari advirtió en enero y Milei respondió cuatro meses después
El cruce público entre Javier Milei y Yuval Noah Harari convirtió una discusión jurídica en un pulso político sobre el lugar que quiere ocupar Argentina en la economía de la IA.
Yuval Noah Harari, historiador israelí, escribió el lunes en una columna que ya había lanzado esta alarma meses atrás.
"Cuando hablé en el Foro Económico Mundial en enero de este año, advertí que los gobiernos podrían algún día otorgar personería jurídica a los modelos de IA. Jamás imaginé que ese algún día llegaría tan solo cuatro meses después". - Yuval Noah Harari, historiador
Harari fue más lejos y advirtió que convertir Argentina en un espacio sin control para la inteligencia artificial resulta “extremadamente riesgoso”. La objeción no gira solo alrededor de la tecnología, sino alrededor de una pregunta muy vieja del derecho mercantil, quién responde cuando hay daño.
Milei eligió contestar sin rebajar el tono. Dijo que la reforma no equivale a “desencadenar el día del juicio final de Terminator” y defendió que abrir un marco jurídico para empresas gestionadas por IA forma parte de un futuro que, a su juicio, ya está llamando a la puerta.
En su comunicado oficial, el presidente argentino incluso deslizó una ironía hacia Harari.
"Probablemente ninguna persona en el mundo pueda prever el futuro tan bien como él; y otorgarles a las empresas gestionadas por IA un marco jurídico parece ser una característica necesaria de ese futuro". - Javier Milei, presidente de Argentina
La discusión no trata sobre robots libres, sino sobre a quién reclamar
Ahí está el corazón del debate.
Milei sostuvo que la personería jurídica figura entre las herramientas más probadas del derecho comercial y defendió que una empresa autónoma sometida a un marco capaz de disolverla, embargar sus activos o exigirle responsabilidad legal no escapa de la ley, sino que entra en ella.
Su argumento práctico cabe en una escena muy concreta. Si una inteligencia artificial causa un perjuicio, el mandatario prefiere que exista un patrimonio contra el que hacer valer un reclamo, con las mismas penas y sanciones que ya rigen para cualquier otra compañía.
Esa lógica conecta con un problema menos vistoso que los grandes titulares sobre máquinas pensantes y más cercano a la vida real, el del daño, la deuda y la responsabilidad. También encaja con empresas sin empleados, una fórmula que ya ha empezado a asomar en el debate público argentino.
Milei invoca a Asimov mientras busca atraer capital
No es casual que Milei haya publicado un artículo con un título tan explícito como “Argentina invita a la inteligencia artificial a liberarse”. La expresión condensa una estrategia política más amplia, atraer tecnología, capital y atención internacional con una mezcla de desregulación y promesa de seguridad jurídica.
Hace dos meses, Peter Thiel, inversor y magnate tecnológico, visitó Buenos Aires. El gesto no prueba por sí solo un giro económico, pero sí añade una pieza reconocible a un tablero donde el Gobierno también desarrolla un programa para usar inteligencia artificial en el diseño de políticas públicas.
Milei llevó esa defensa hasta Isaac Asimov y su libro Yo, Robot, publicado en 1950. Desde ahí sostuvo que un robot trabaja veinticuatro horas, actúa con escrúpulo y no pierde la compostura, antes de añadir que considera probable que las empresas de IA sean más adversas al riesgo que los seres humanos.
Sin embargo, la objeción de Harari apunta justo a la grieta opuesta. Si una IA puede encontrar vacíos legales, la existencia de una sociedad con personería propia deja de ser solo un escudo de responsabilidad y pasa a ser también un experimento sobre los límites del derecho frente a sistemas no humanos, una tensión que recuerda otros límites legales de la IA ya en discusión fuera de Argentina.
Milei replicó a esa advertencia con una pregunta incómoda y sencilla a la vez. Si los seres humanos también buscan vacíos legales, dijo, eso no ha llevado a abolir las estructuras corporativas dirigidas por personas.
El choque, al final, no enfrenta solo dos opiniones sobre inteligencia artificial. Enfrenta dos maneras de entender el riesgo, una que ve en la personería jurídica un modo de someter a la máquina a las reglas existentes y otra que teme que esa misma maniobra abra la puerta a un actor económico capaz de operar veinticuatro horas al día con patrimonio propio y las mismas sanciones que una empresa humana.