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Bill Gates lleva meses describiendo la llegada de la inteligencia artificial al trabajo con una palabra poco tranquilizadora. La llamó “muy turbulenta”, y no cuesta entender por qué cuando el mismo hombre que cofundó Microsoft resume el incentivo dominante de hoy de esta manera. Contratar al robot, despedir al humano y no mirar atrás.
Stanford ya midió el golpe entre quienes acaban de entrar al mercado
Hay un dato que baja esa discusión del terreno filosófico al suelo de las nóminas. Un estudio de Stanford detecta que los jóvenes de 22 a 25 años en profesiones muy expuestas a la inteligencia artificial tienen un 19% menos de empleo de lo esperado.
No hablamos de una generación que esté cerrando su carrera, sino de gente que apenas intenta abrir la puerta. Ahí aparece una de las contradicciones más ásperas de esta transición, porque la tecnología que promete elevar la productividad empieza a coincidir con menos huecos para quienes llegan primero al escalón más frágil.
Gates quiere cobrar a las máquinas cuando sustituyen trabajo humano
Bill Gates, cofundador de Microsoft, ha propuesto un impuesto de tokens para gravar el uso de la inteligencia artificial y los robots dentro de los procesos productivos.
"La lógica dominante actual en los incentivos laborales consiste en contratar al robot, despedir al humano y no mirar atrás" - Bill Gates, cofundador de Microsoft
Su planteamiento no nace solo de una discusión técnica sobre fiscalidad. También toca pensiones, recaudación y la pregunta de siempre, quién sostiene el sistema cuando parte del trabajo deja de pagar salarios y cotizaciones, un debate que ya asomaba en impuestos a robots.
Gates añadió además un dato biográfico que convierte esa tesis en algo más que un gesto retórico. Dijo haber pagado unos 14.000 millones de dólares en impuestos a lo largo de su vida y que habría estado dispuesto a pagar 40.000 millones.
Microsoft recorta plantilla mientras dispara el gasto en infraestructura
Mientras esa discusión gana volumen, Microsoft encadena ajustes laborales de una escala difícil de pasar por alto.
La compañía comunicó en julio casi 5.000 despidos. Antes había despedido a unos 6.000 trabajadores en mayo de 2025 y a otros 9.000 en julio de 2025.
A eso se suma un plan de salidas voluntarias para unas 60.000 trabajadores, el 27% de su plantilla en Estados Unidos, Canadá, India y Reino Unido, siempre en niveles 70 o inferiores. Y en abril ya había lanzado otro programa de jubilación voluntaria para 8.750 empleados en Estados Unidos.
Al mismo tiempo, Microsoft destinó 41.000 millones de dólares a inversión de capital en el último trimestre fiscal. La imagen resulta difícil de ignorar, porque el dinero corre hacia centros de datos, capacidad de cómputo y despliegue de IA mientras miles de personas salen de la estructura, una tensión que también aparece en despidos ligados a IA.
Las amenazas que Gates ve más cerca no llegan desde la ciencia ficción
Gates no sitúa todo el peligro en un futuro remoto ni en máquinas convertidas en villanos autónomos.
Identificó el bioterrorismo y los ciberataques como amenazas inmediatas de la inteligencia artificial. También advirtió que, a finales de los años 20, la tecnología podría operar fuera del control humano.
Primero aparece lo urgente y luego lo estructural. Por eso pidió que Estados Unidos y China cooperen para evitar riesgos que él mismo calificó como un reto para la humanidad.
Entre un 19% menos de empleo juvenil esperado y 41.000 millones de dólares volcados en capital, la discusión sobre IA ya no cabe en el laboratorio.