Bill Gates ve al 40% del empleo reservado a humanos: pide impuestos a la IA y protege educación, sanidad y jurados

Bill Gates propone que hasta el 40% de los puestos sigan en manos humanas aunque la IA pueda hacerlos, y plantea impuestos a la automatización para frenar la sustitución laboral.

07 de septiembre de 2026 a las 09:57h
Bill Gates ve al 40% del empleo reservado a humanos: pide impuestos a la IA y protege educación, sanidad y jurados
Bill Gates ve al 40% del empleo reservado a humanos: pide impuestos a la IA y protege educación, sanidad y jurados

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Bill Gates ha puesto una cifra sobre una idea incómoda. Hasta un 40 % de los puestos de trabajo podrían quedar reservados para personas aunque la inteligencia artificial ya pueda desempeñarlos.

No habla solo de frenar máquinas. Bill Gates, cofundador de Microsoft y de 70 años, sitúa esa reserva humana en ámbitos como la educación, la sanidad y el jurado, tres espacios donde una decisión no pesa solo por su resultado, sino también por quién la toma.

Gates quiere que algunas tareas sigan teniendo rostro humano

Hay trabajos en los que una sociedad no delega solo eficiencia.

Dar clase, atender a un paciente o participar en un jurado forman parte de esa frontera que Gates quiere conservar. Su planteamiento no gira en torno a la nostalgia laboral, sino a una pregunta bastante más áspera, qué sucede cuando una máquina puede hacer una tarea y, aun así, una comunidad decide que debe seguir haciéndola una persona.

Esa idea aparece unida a otra palanca menos visible y mucho más concreta, los impuestos. Gates propone reformar el sistema fiscal e introducir gravámenes relacionados con la inteligencia artificial y los robots, porque a su juicio hoy la estructura tributaria empuja en la dirección contraria.

"El sistema fiscal te empuja a sustituir a las personas por máquinas". - Bill Gates, cofundador de Microsoft

Detrás de esa frase hay una crítica al modo en que se reparte el incentivo económico. Si contratar a alguien carga costes y automatizar una tarea los reduce, la tecnología deja de ser solo una herramienta y pasa a convertirse en una ventaja contable.

Ya ocurrió con otras olas de automatización, pero aquí Gates no describe un ajuste menor. gravar el trabajo automatizado ha reaparecido en el debate como una forma de discutir quién gana cuando una tarea deja de pagar salario y pasa a depender de infraestructura automática.

La reforma fiscal que plantea sería la mayor de su vida

Además, Gates no presenta ese cambio como un simple retoque técnico.

"Mayor que cualquier otro en toda mi vida". - Bill Gates, cofundador de Microsoft

La comparación importa porque viene de alguien que ha visto varias mutaciones tecnológicas y económicas desde dentro. Cuando una transformación fiscal supera, en sus propias palabras, todo lo vivido hasta ahora, el centro del debate deja de estar en el laboratorio y salta de lleno al mercado laboral.

Al mismo tiempo, Gates no disimula su pesimismo sobre el empleo. “Será muy perjudicial para el mercado laboral”, advierte sobre una implantación masiva de la inteligencia artificial.

Tampoco suaviza el diagnóstico cuando habla del error posible.

"Me gustaría estar convencido de que me equivoco respecto al mercado laboral, pero no es así". - Bill Gates, cofundador de Microsoft

Esa mezcla de duda personal y convicción pública revela algo más profundo que una predicción económica. Muestra hasta qué punto la discusión ya no consiste en preguntar si la inteligencia artificial podrá hacer más cosas, sino en decidir cuáles no queremos que haga aunque pueda.

De hecho, el propio mercado laboral ya arrastra esa tensión entre sustitución y reajuste, como muestran cambios en el valor del trabajo cuando una habilidad humana sigue contando más que la mera ejecución automática.

La parte más llamativa del planteamiento de Gates no es que tema a la inteligencia artificial. Es que propone defender con reglas fiscales y con reservas explícitas de empleo aquello que, hasta ahora, muchas economías daban por resuelto de otra manera, dejar que la automatización avance y confiar en que el mercado recolocará a los desplazados.

Su cifra del 40 % condensa ese giro. No habla de un ajuste marginal, sino de decidir por anticipado que en educación, sanidad o un jurado el criterio humano no valdrá menos aunque la máquina haga el trabajo.

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