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Brad Pitt no ve la inteligencia artificial solo como una amenaza en Hollywood.
El actor la sitúa en un terreno más incómodo y más práctico a la vez. Cree que, usada como herramienta, puede ayudar a sacar adelante películas de presupuesto medio, con cifras de entre 40 y 90 millones de dólares, justo en una franja que lleva años buscando su sitio entre el gran espectáculo y la producción más pequeña.
"Hay mucho rechazo contra la IA, pero la IA va a ser precisamente lo que, utilizada como una herramienta, ayudará a que se hagan esas películas de presupuesto medio, películas con presupuestos de entre 40 y 90 millones de dólares" - Brad Pitt, actor
No es una reflexión lanzada desde la distancia. Pitt estrena el 25 de septiembre El corazón de la bestia, dirigida por David Ayer, y vuelve además a uno de sus personajes más celebrados, Cliff Booth, en un nuevo proyecto dirigido por David Fincher y aprobado por Quentin Tarantino.
Veinte años de escaneos explican por qué Pitt mira la IA con cautela
Ahí aparece la contradicción que hoy atraviesa al cine. Pitt admite que la herramienta puede abrir espacio industrial para ciertas películas, pero también lleva unos 20 años siendo escaneado digitalmente y fijó en sus contratos que esos escaneos le pertenecen y deben destruirse después.
"Podrían hacerlo, pero quizá el producto final no reflejara mis decisiones ni lo que yo encontraría y descubriría en la obra" - Brad Pitt, actor
Esa idea toca un nervio muy concreto de la interpretación. Un rostro puede copiarse, una voz puede imitarse, pero él marca la diferencia en algo menos visible, que tiene que ver con las decisiones que toma dentro de un papel y con lo que aparece durante el trabajo.
Hace poco escuchó una canción creada con IA.
"El otro día escuché una canción hecha con IA que era jodidamente buena" - Brad Pitt, actor
La escena resulta reveladora porque no encaja en el rechazo automático. Pitt reconoce calidad en ese resultado y, al mismo tiempo, mantiene reservas cuando la tecnología entra en una zona más delicada, la de reconstruir una presencia artística que no depende solo de parecerse a alguien.
En esa misma línea encaja el debate sobre la IA en rodaje, donde el conflicto ya no gira solo alrededor de la eficiencia, sino de quién conserva el control de una obra cuando la máquina empieza a tocar materiales sensibles.
Cliff Booth vuelve mientras el actor protege su doble digital
Pitt ganó el Oscar por Érase una vez en Hollywood, estrenada en 2019, gracias precisamente a Cliff Booth. Que vuelva ahora a ese personaje mientras blinda contractualmente sus escaneos dibuja una imagen bastante clara del momento actual, porque la industria quiere explotar rostros conocidos y los intérpretes quieren seguir mandando sobre ellos.
Después llegó incluso la broma, que también dice bastante.
"¡Debería haberlos conservado! Todo este tiempo los he mandado destruir porque soy un chico paranoico de los Ozarks" - Brad Pitt, actor
La frase suena ligera, pero debajo hay una rutina de dos décadas. Durante ese tiempo, la digitalización de actores dejó de parecer una rareza técnica y pasó a convertirse en una cláusula contractual, casi como si la custodia del propio cuerpo hubiera entrado ya en el papeleo habitual del cine.
También ayuda a mirar este cruce de intereses la tensión laboral en Hollywood, donde la discusión sobre la herramienta convive con otra más áspera, la de quién cobra, quién decide y quién acaba siendo reemplazable.
Fincher y Pitt vuelven a cruzarse en un momento menos simple
La relación entre Pitt y David Fincher viene de lejos. Trabajaron juntos en Seven, estrenada en 1995, en El club de la lucha, de 1999, y en El curioso caso de Benjamin Button, de 2008.
Ahora vuelven a encontrarse con Cliff Booth de por medio, un personaje que ya le dio a Pitt el Oscar en 2019. El dato pesa porque une memoria de estrella, propiedad de la imagen y herramientas capaces de prolongar una presencia en pantalla más allá del rodaje tradicional.
"Va a ser un experimento muy interesante" - Brad Pitt, actor
La expresión que elige para describir el futuro de la IA en el cine no cierra el debate, pero sí lo retrata con bastante precisión. Entre películas de 40 a 90 millones de dólares, escaneos destruidos durante 20 años y un actor que oye una canción hecha por máquina y admite que era muy buena, la discusión ya no consiste en preguntar si la IA ha llegado, sino en quién decide qué parte del artista sigue siendo suya.