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Algo chirrió en Brown cuando un examen parcial para hacer en casa dejó una media de 96 sobre 100 y 40 notas perfectas entre 89 estudiantes. Semanas después, el final presencial cayó a 48 sobre 100 y convirtió la comparación en una radiografía incómoda del aprendizaje real.
Roberto Serrano, catedrático Harrison S. Kravis de la Universidad de Brown, sostiene que al menos 50 estudiantes hicieron trampas con inteligencia artificial en la asignatura ECON 1170. Para él, se trata del mayor escándalo conocido de este tipo tanto en Brown como en las ocho universidades privadas más selectas de la costa este de Estados Unidos.
La evidencia empírica de fraude es abrumadora, sentenció Serrano.
Los correctores encontraron pasajes inusuales que coincidían con las respuestas obtenidas al introducir las preguntas en ChatGPT. El contraste no quedó ahí, porque de los 27 alumnos que no se presentaron al examen final, 22 habían sacado un 100 en el parcial.
Detrás del cambio de formato había una razón humana que desborda cualquier discusión tecnológica. El 13 de diciembre del año anterior, Neves Valentes, antiguo estudiante de doctorado de 48 años, entró armado en el campus, causó dos fallecidos y dejó nueve heridos.
Una de las víctimas mortales fue Ella Cook, que esa misma semana había visitado a Serrano para pedirle que fuera su asesor. Tras aquel golpe, el profesor transformó el examen en una prueba para llevar a casa y hacer a libro cerrado para aliviar la ansiedad de los estudiantes.
El intento de cuidar al alumnado acabó abriendo una grieta
Ahí aparece la contradicción más dura del caso. Una medida pensada para dar aire a una clase golpeada por el miedo terminó creando el escenario perfecto para una copia masiva con IA, algo que también asoma en la duda sobre las notas universitarias.
El decano de la facultad envió una nota en la que admitió que lo ocurrido en esa clase es una llamada de atención. El rector, en cambio, ha mantenido un silencio absoluto desde que estalló la denuncia.
Serrano dirige su crítica a esa respuesta institucional.
"Esa no puede ser la postura de la universidad ante un incidente de esta magnitud. La integridad académica es un valor que merece ser defendido. El profesorado no puede quedarse solo en una lucha tan decisiva si queremos preservar el futuro de la educación superior". - Roberto Serrano, catedrático Harrison S. Kravis de la Universidad de Brown
Después reclamó algo más que sanciones individuales. Exigió reconocer públicamente la gravedad del episodio y abrir un debate amplio sobre la extensión real del problema.
La integridad académica está en peligro.
Otras universidades ya cambiaron reglas que parecían intocables
Brown no está sola ante este dilema. La Universidad de Princeton ya eliminó una práctica de 133 años y puso fin a su tradición de no vigilar a los alumnos durante los exámenes finales, una costumbre instaurada en 1893 mediante el Código de Honor.
La presión no nace solo de un caso concreto, sino de una herramienta que abarata el engaño y lo vuelve inmediato. Theo Baker, periodista estadounidense, sostiene que la inteligencia artificial ha hecho copiar más fácil y más rentable que nunca, un diagnóstico que encaja con exámenes resueltos tras una foto.
Baker lo resume con una frase que retrata la normalización del fenómeno. Dice que no conoce a nadie que no haya utilizado la IA para hacer algún trabajo.
El próximo curso, Serrano retirará el peso de los ejercicios semanales en la nota y no volverá a poner exámenes para hacer en casa. Entre un parcial con media de 96 y un final presencial con 48, la distancia no mide solo un fraude, también mide la fractura de confianza dentro del aula.