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Europa quiere triplicar la capacidad de sus centros de datos en los próximos cinco o siete años. Al mismo tiempo, Bruselas estudia rebajar una de las condiciones más exigentes que ligaban ese crecimiento a un consumo eléctrico más limpio y trazable.
Bruselas afloja justo donde la energía marcaba el límite
La Comisión Europea estudia flexibilizar las normas medioambientales para centros de datos y gigafactorías de inteligencia artificial tras la presión de Amazon Web Services, Microsoft y la Asociación Europea de Centros de Datos.
El cambio más delicado aparece en un borrador de reglamento que elimina la obligación de que la compensación de emisiones proceda de nuevas instalaciones renovables activadas en el mismo momento y en el mismo lugar donde se consume la electricidad. Dicho de otra forma, el vínculo físico entre el enchufe y la energía que lo respalda pierde peso.
Los centros de datos podrán funcionar con electricidad de combustibles fósiles y compensar después sus emisiones mediante la compra de certificados de energía renovable. La nueva propuesta también admite certificados procedentes de energía nuclear.
Ahí está el giro.
La compensación cambia de lógica y también de geografía
Hasta ahora, la idea de proximidad geográfica y temporal buscaba algo bastante concreto. Si un centro de datos disparaba su consumo en un territorio y en una franja horaria determinada, la compensación debía guardar relación con esa misma realidad energética.
Con la nueva propuesta, esa exigencia desaparece. Bruselas suprime la condición de cercanía entre el lugar donde se genera la energía renovable y el lugar donde se consume la electricidad, una decisión que facilita cuadrar cuentas sobre el papel aunque relaja la conexión material entre consumo y descarbonización.
Mientras Europa acelera sus planes industriales, ya han aparecido retrasos por la red eléctrica y también proyectos de centros de datos de 64 MW que muestran la escala del problema. Cuanto más crece la infraestructura, más decisivo resulta saber no solo cuánta energía hay, sino de dónde sale y cuándo está disponible.
La rebaja no llega sola y coincide con cambios en el CO2
La flexibilización de estas reglas no avanza aislada. La Comisión Europea también ha propuesto una reforma del Sistema Europeo de Comercio de Emisiones que reduce el ritmo de disminución de los derechos de emisión de CO2.
Esa misma reforma amplía los permisos gratuitos para la industria y permite contabilizar reducciones de emisiones en terceros países. El resultado es una arquitectura regulatoria más permisiva en dos frentes que hasta ahora actuaban como freno, el suministro energético que alimenta la infraestructura digital y el mercado que encarece emitir CO2.
Ni Amazon Web Services ni Microsoft han querido pronunciarse públicamente sobre esta flexibilización normativa. Tampoco lo han hecho la Asociación Europea de Centros de Datos y la propia Comisión Europea.
El dato incómodo es que la expansión sigue y la exigencia cae
Triplicar la capacidad de los centros de datos en cinco o siete años exige mucha más electricidad, y no siempre en momentos o lugares donde la red pueda ofrecerla con baja huella de carbono.
Por eso la discusión no gira solo alrededor de certificados o formularios. Gira alrededor de una contradicción muy física, porque la Unión Europea quiere levantar más infraestructura para la inteligencia artificial justo mientras estudia suavizar las reglas que intentaban obligarla a demostrar, con más precisión, cómo y cuándo compensa su impacto.
El punto más concreto de esa contradicción cabe en una sola decisión regulatoria. Un centro de datos podrá consumir electricidad de origen fósil y compensarla después con certificados, incluso si esa energía limpia no se produjo ni cerca ni al mismo tiempo que el consumo.