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Canva ha decidido encoger para intentar cambiar de piel. La compañía recortará alrededor de 1.271 puestos, el 22% de su plantilla, dentro de una reestructuración que mezcla despidos, cambios de funciones y traslados entre centros de trabajo.
No es un ajuste aislado ni una simple poda de costes. La empresa vincula la decisión a un giro más profundo del sector, marcado por la retirada de inversores ante el temor de que la inteligencia artificial sustituya parte del trabajo que hacían hasta ahora muchas firmas de software.
Melanie Perkins admite que los retoques ya no bastaban
Melanie Perkins, consejera delegada y cofundadora de Canva, situó el alcance del movimiento en un mensaje poco habitual por su tono. Antes de entrar en las cifras, presentó la decisión como un corte difícil en una empresa que llevaba trece años creciendo con una identidad muy definida.
"Tras analizar una amplia gama de alternativas, he llegado a la difícil conclusión de que los pequeños cambios no serán suficientes. Para prepararnos de cara a la próxima década, necesitamos redefinir Canva, volviendo a nuestras raíces, equipos pequeños y autónomos con libertad para tomar decisiones, asumir responsabilidades y centrarse en lo que más importa para nuestra comunidad". - Melanie Perkins, CEO y cofundadora de Canva
Ahí aparece una idea que pesa más que cualquier eslogan corporativo. Perkins plantea un regreso a equipos más pequeños y autónomos, una fórmula que la empresa asocia con sus orígenes y que ahora reaparece en pleno debate sobre qué tareas seguirá haciendo una persona y cuáles absorberán las herramientas de IA.
El recorte afectará a 1.271 personas, el 22% de toda la plantilla.
La valoración cayó mientras la salida a bolsa quedaba en pausa
En 2021, Canva llegó a una valoración de 40.000 millones de dólares. Un año después bajó a 26.000 millones y, por ahora, la compañía ha dejado a un lado su salida a bolsa.
Esa secuencia ayuda a entender por qué una empresa conocida por su expansión necesita ahora una cirugía interna de gran tamaño. Cuando el capital se vuelve más prudente y el mercado empieza a preguntarse si la IA reducirá el valor del software tradicional, el ajuste deja de ser solo laboral y pasa a ser también financiero.
La duda de fondo no resulta menor y ya ha aparecido en despidos ligados a IA y en otros recortes del sector. Si los inversores temen que la inteligencia artificial haga prescindibles partes enteras del negocio del software, la presión no cae solo sobre los productos, también cae sobre las plantillas.
Los despidos llegan con sueldo, seguro médico y el ordenador
Canva ha fijado un paquete de salida para quienes pierdan su empleo. Los trabajadores despedidos recibirán seis meses de sueldo, cobertura sanitaria y podrán conservar su ordenador.
Es un detalle muy concreto en medio de una operación de gran escala. También revela hasta qué punto la empresa intenta amortiguar un golpe que no se limita a una cifra, porque detrás de cada recorte hay mudanzas canceladas, rutinas rotas y carreras que cambian de dirección de un día para otro.
"Este es, sin duda, el momento más difícil de nuestros trece años de historia". - Melanie Perkins, CEO y cofundadora de Canva
Mientras otras compañías tecnológicas han presentado ajustes parecidos como una cuestión de eficiencia, aquí el lenguaje apunta a una crisis de etapa. La frase también encaja con la caída del empleo informático que acompaña al avance de nuevas herramientas de automatización.
El dato más incómodo quizá no sea el tamaño del recorte, sino la razón que lo empuja. Una empresa nacida para simplificar el diseño digital afronta ahora el miedo de que la inteligencia artificial simplifique también el negocio del software hasta volverlo menos valioso a ojos de quienes ponen el dinero.