Añadir Mangas Verdes como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
Hay cifras que ordenan un debate entero. El Govern de Salvador Illa ha identificado 26 proyectos potenciales de centros de datos en Catalunya que sumarían 2.000 megavatios de potencia.
La cuestión no gira solo en torno a la inversión o al mapa industrial. También obliga a mirar la red eléctrica, porque la administración catalana ya ha delimitado siete zonas de implantación prioritarias para intentar ordenar un despliegue que amenaza con chocar antes con los cables que con el suelo disponible.
La energía ya decide dónde puede crecer un centro de datos
Valentín Pinuaga, conseller delegado de Equixing en España, sitúa ahí el cuello de botella.
"El principal obstáculo actual es el acceso a la energía porque las redes de distribución están muy saturadas" - Valentín Pinuaga, conseller delegado de Equixing en España
No es una objeción menor. Si la planificación pública reserva siete áreas prioritarias, lo hace precisamente para encauzar una expansión que necesita mucha potencia concentrada y que, además, llega en un momento en que el consumo eléctrico de los centros de datos ocupa cada vez más espacio en la conversación tecnológica.
Ahí aparece la fricción política y social. Un centro de datos puede parecer una infraestructura silenciosa, casi invisible desde fuera, pero su huella se mide en megavatios y en la capacidad real de una red que ya soporta otras demandas industriales y urbanas.
Flix condensa una comparación que resulta difícil de esquivar
Agustí Emperador, activista, ha puesto esa tensión en un ejemplo muy concreto. Explicó que el futuro centro de datos de Flix consumirá la misma energía que la fábrica de Seat en Martorell, pero solo empleará a 150 personas frente a las más de 10.000 de la planta de automóviles.
El contraste entre el consumo y el empleo cambia por completo la discusión. Ya no se trata únicamente de cuánta electricidad necesita la economía digital, sino de qué devuelve esa demanda al territorio en puestos de trabajo, actividad asociada y percepción de utilidad pública.
Solo 150 empleos.
Ecologistes en Acció pone nombre al temor de fondo
La crítica más dura llega por esa vía. La entidad Ecologistes en Acció advirtió del riesgo de una "gentrificación energética" causada por el elevado consumo eléctrico de estas instalaciones y por los pocos puestos de trabajo que aportan.
La expresión no habla de urbanismo, al menos no de forma directa. Habla de competencia por un recurso limitado, de la posibilidad de que una infraestructura con gran apetito energético desplace otras prioridades productivas o sociales, una inquietud que también asoma en el encarecimiento eléctrico ligado a los centros de datos.
Entre los 2.000 megavatios potenciales, las siete zonas prioritarias y el caso de Flix, el debate catalán queda así reducido a una pregunta muy concreta. Cuánta energía puede absorber un territorio cuando una instalación capaz de igualar el consumo de Seat en Martorell ofrece, al mismo tiempo, 150 empleos frente a más de 10.000.