Añadir Mangas Verdes como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
China ha decidido correr esta carrera de la inteligencia artificial por un carril distinto. A fecha del 3 de julio de 2026, firmas como Zhipu, DeepSeek, Tencent, ByteDance y Alibaba aprietan el paso frente a Estados Unidos con una mezcla de apertura, precios bajos y llegada rápida al mercado.
Hay una paradoja de fondo. Mientras Washington mantiene restricciones a la exportación de semiconductores avanzados y de la maquinaria necesaria para fabricarlos, varias compañías chinas intentan compensar esa presión con modelos abiertos, herramientas más baratas y una implantación comercial acelerada. No es una respuesta menor cuando servicios como ChatGPT, Claude o Gemini siguen bloqueados en China continental.
Los modelos abiertos ya discuten el dominio de los sistemas cerrados
Zheng Qinkai, investigador de Zhipu, pone el foco en una brecha que, a su juicio, se estrecha a gran velocidad.
"La distancia entre modelos abiertos y cerrados se está reduciendo muy rápido" - Zheng Qinkai, investigador de Zhipu
El mismo investigador sostiene además que GLM-5.2 es el primer modelo abierto capaz de desafiar de forma seria a los sistemas cerrados más avanzados. La afirmación importa porque toca el centro de la disputa actual, que ya no gira solo alrededor de quién entrena el modelo más potente, sino de quién logra ponerlo antes en manos de empresas y desarrolladores.
Zhipu vende un asistente de programación por unos 3 dólares al mes, aunque Zheng Qinkai ya ha deslizado posibles subidas de precio.
Esa combinación entre acceso y coste ayuda a entender por qué el debate no es solo técnico. Zheng Qinkai defiende que el modelo actúa como motor, pero que el ecosistema permite a millones de desarrolladores empujar mucho más lejos el resultado de lo que podría hacer por sí solo cualquier laboratorio cerrado.
El precio manda cuando las empresas cobran en yuanes
Vincent Yu, emprendedor, describe el problema con una frase que resume bastante bien la economía real de esta competencia.
"Hemos usado GPT, Claude y Gemini, pero son realmente caros; nosotros ganamos en yuanes, no en dólares" - Vincent Yu, emprendedor
Yu explica que su empresa usa Doubao, de ByteDance, y GLM para programar. También sostiene que los modelos chinos están mejorando en un mercado donde pesa mucho la relación calidad precio.
Eso cambia la elección de muchas empresas locales.
A medida que la calidad suba, Vincent Yu cree que consumidores y compañías chinas usarán cada vez más herramientas nacionales frente a opciones estadounidenses más caras. La lógica resulta bastante cotidiana, casi doméstica, porque al final una factura mensual decide tanto como una tabla de rendimiento.
La seguridad entra en escena mientras Washington aprieta el hardware
Zheng Qinkai sitúa la seguridad al mismo nivel que la capacidad de los modelos. Su argumento es que el código abierto puede funcionar como una defensa colectiva, ya que más investigadores pueden examinar los sistemas y localizar fallos.
Al otro lado del tablero, Estados Unidos mantiene límites a la exportación de chips avanzados y de maquinaria para fabricarlos. Washington también ha impulsado Pax Silica junto con Japón y Países Bajos para reforzar la cadena de suministro de semiconductores, una presión industrial que conecta con el cerco sobre chips avanzados.
La tensión no afecta solo a China ni solo a los fabricantes de hardware. Anthropic suspendió el acceso a sus modelos Fable 5 y Mythos 5 por una directiva estadounidense de control de exportaciones, y Washington limitó el uso de Mythos 5 a una lista de empresas y agencias estadounidenses consideradas fiables.
Anthropic atribuye a Mythos 5 capacidades avanzadas para detectar y explotar vulnerabilidades en programas informáticos. Ese dato explica por qué la disputa ya no consiste únicamente en entrenar modelos mejores o venderlos más baratos, sino en decidir quién puede usarlos, dónde y para qué, igual que ya ocurre en la geografía física de la IA.
Al final, la escena queda partida en dos mitades difíciles de separar, con China empujando la apertura y el precio, y Estados Unidos cerrando el paso en chips y accesos. En medio aparece una contradicción muy concreta, porque el mismo mercado que abarata la programación con cuotas de unos 3 dólares al mes convive con modelos cuyo uso Washington reserva solo a actores considerados fiables.