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La inteligencia artificial ya no se disputa solo en laboratorios y centros de datos. También se pelea en la mesa donde antes se discutían aranceles, vacunas o emisiones, y eso explica por qué Washington y Pekín han empezado a levantar sus propios clubes internacionales.
En noviembre de 2025, el Departamento de Estado de Estados Unidos divulgó Pax Silica, una iniciativa internacional pensada para asegurar las cadenas de suministro de modelos de inteligencia artificial.
No es un gesto menor. El grupo reúne a Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Singapur, Reino Unido, Israel, Emiratos Árabes Unidos, Australia, Países Bajos e India, una lista que dibuja una red de socios industriales y tecnológicos alrededor de un recurso que hoy vale tanto como una ruta marítima o una refinería.
Xi Jinping respondió con una organización propia
Desde Shanghái llegó la réplica. Xi Jinping, presidente de China, anunció en la conferencia anual de inteligencia artificial la creación de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial.
La nueva organización arranca con 29 países. Entre ellos figuran China, Brasil, Rusia, Sudáfrica, Pakistán, Indonesia, Camboya y Argelia.
La escena recuerda que la tecnología rara vez viaja sola. Arrastra alianzas, dependencia industrial y una pregunta incómoda sobre quién fija las reglas cuando lo que está en juego no es solo el software, sino el acceso a chips, servidores y licencias para chips avanzados.
Washington se retiró de varios foros mientras crea otro
Ahí aparece una contradicción difícil de pasar por alto. Estados Unidos ha paralizado la Organización Mundial de Comercio y además se ha retirado de la Organización Mundial de la Salud, del Acuerdo de París sobre el cambio climático y del Acuerdo Transpacífico.
Ahora impulsa una estructura propia para blindar una parte decisiva de la economía digital. No habla del comercio global en abstracto, sino de un tramo muy concreto de la cadena que alimenta a los modelos de inteligencia artificial.
La pugna ya no consiste solo en desarrollar mejores sistemas, sino en asegurar quién puede construirlos.
Dos bloques compiten por ordenar la infraestructura
Pekín también ha escogido el formato institucional para responder. La diferencia está en la escala inicial, porque la organización anunciada por Xi Jinping nace con 29 países frente al grupo más reducido de Pax Silica, y eso sugiere dos maneras distintas de tejer influencia.
Mientras un bloque apuesta por asegurar suministros con aliados seleccionados, el otro intenta proyectar una plataforma más amplia. Esa divergencia no es decorativa, porque cada lista de miembros adelanta qué mapa político quiere dibujar cada capital.
Ya no basta con tener tecnología.
En ese tablero encaja también la concentración de centros avanzados en unas pocas potencias, un dato que ayuda a entender por qué las alianzas sobre inteligencia artificial se parecen cada vez más a pactos de abastecimiento.
Al final, el contraste resulta difícil de ignorar. Estados Unidos se apartó de la Organización Mundial de la Salud, del Acuerdo de París, del Acuerdo Transpacífico y ha paralizado la Organización Mundial de Comercio, pero en noviembre de 2025 sí movió ficha para blindar la cadena de suministro de los modelos de inteligencia artificial.