La pelea por la inteligencia artificial no solo pasa por las GPU. También depende de un material mucho menos conocido que ahora actúa como cuello de botella en los centros de datos de nueva generación de Estados Unidos.
Ahí entra el fosfuro de indio, esencial para los chips ópticos de gran velocidad que conectan procesadores dentro de esas infraestructuras. Cuando falta ese material, el problema no aparece en la vitrina del producto terminado, sino en la parte menos visible de la cadena.
China aprieta donde casi nadie mira y el precio se dispara
China produce aproximadamente el 70% del indio mundial.
Desde febrero de 2025, Pekín aplica restricciones a su cadena de suministro y el efecto ya tiene una cifra difícil de ignorar, porque los precios del material subieron un 250% tras las restricciones. No hace falta un veto formal al chip final cuando basta con retrasar la pieza de la que depende.
A comienzos de mayo, Donald Trump viajó oficialmente a China acompañado por Cristiano Amon, Tim Cook, Elon Musk, Jensen Huang y Jim Anderson. La foto parecía propia de una cumbre empresarial, pero también retrataba una dependencia industrial muy concreta.
Jim Anderson, consejero delegado de Coherent, puso sobre la mesa la demora china en la emisión de licencias de exportación de fosfuro de indio. El movimiento encaja con una táctica menos ruidosa que un bloqueo directo, porque China ralentiza los permisos de salida de materiales en lugar de cerrar por completo el paso a los productos terminados.
Nvidia ya apostó miles de millones por la fotónica
Nvidia invirtió 4.000 millones de dólares en Lumentum y Coherent para desarrollar conexiones por láser entre clústeres de procesadores. Esa apuesta ayuda a medir hasta qué punto la fotónica dejó de ser un detalle técnico para convertirse en parte central del rendimiento de la IA.
Además, Lumentum tiene vendida toda su producción para 2026, 2027 y 2028 después de cuadruplicar su capacidad. Cuando una empresa ya no tiene hueco en tres años de calendario, el mercado está hablando con bastante claridad.
Mientras tanto, las taiwanesas VPEC y LandMark Optoelectronics sufren interrupciones en el suministro del material. La tensión no afecta a un solo fabricante ni a una única ruta comercial, sino a varios actores de una misma red.
En ese clima ya aparecieron antecedentes útiles sobre componentes ópticos para IA, justo donde la velocidad de transmisión vale casi tanto como la potencia de cálculo.
Pekín gana tiempo con licencias y refuerza su propia posición
Al mismo tiempo, China no oculta la escala de su ambición tecnológica, porque ha detallado un plan para convertirse en la primera potencia mundial del sector en 2030. La gestión del indio encaja así en una estrategia más amplia donde el control del material importa tanto como el control del diseño.
Yuanjie, empresa china dedicada a componentes de fotónica para centros de datos, ha visto subir su cotización bursátil. La señal resulta difícil de separar del resto del tablero, sobre todo cuando el suministro exterior tropieza y los proveedores locales ganan valor relativo.
Otra pieza del mismo rompecabezas ya asomaba en la carrera por chips propios de IA, donde las sanciones y la autosuficiencia empujan en la misma dirección.
El dato más incómodo quizá sea este. Un material que China domina con cerca del 70% de la producción mundial ha encarecido su precio un 250%, justo cuando Lumentum ya tiene comprometidos tres años completos de fabricación.