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La carrera de la inteligencia artificial ya no tropieza primero con los chips, sino con la electricidad.
Elon Musk, propietario de SpaceX y Tesla, ha puesto cifra a ese cuello de botella al estimar un déficit energético de 15 GW para 2027. Y no lo presenta como un problema remoto, porque sitúa el primer choque mucho antes, en un horizonte que ya entra en las decisiones industriales de hoy.
"No es algo del futuro lejano. El próximo año tendremos un déficit de potencia significativo" - Elon Musk, propietario de SpaceX y Tesla
Dijo algo más en la Reunión Ministerial de Innovación del G20, donde habló de "una verdadera crisis energética". La expresión importa porque desplaza el debate de los laboratorios a la infraestructura pesada, esa que tarda años en levantarse y no crece al ritmo de los servidores.
Los chips crecen más deprisa de lo que crece la red
Musk sostiene que la producción de chips de IA aumenta entre un 40 y un 50% cada año, mientras la capacidad eléctrica fuera de China avanza entre un 10 y un 20%. Esa diferencia deja a la oferta de energía corriendo por detrás de la demanda computacional.
No es una discusión teórica. La Agencia Internacional de Energía calcula que el consumo mundial de electricidad de los centros de datos pasará de 485 TWh en 2025 a 950 TWh en 2030.
Ahí aparece una contradicción incómoda. La economía digital suele venderse como algo ligero, pero cada salto de potencia necesita suelo, turbinas, líneas, refrigeración y contratos de suministro a muy largo plazo, como ya se aprecia en el salto eléctrico previsto para 2030.
Las tecnológicas ya buscan energía por su cuenta
Meta ofrece un ejemplo nítido, porque su centro de datos Hyperion requerirá una decena de nuevas plantas de gas para poder funcionar. Cuando una instalación concreta necesita ese volumen de generación adicional, el problema deja de ser abstracto.
Microsoft también ha movido ficha con un acuerdo de compra de energía a 20 años. Nvidia, por su parte, ha invertido 2.000 millones en Lancium, una empresa especializada en tecnología energética e infraestructuras.
La IA ya obliga a mezclar estrategia informática y estrategia eléctrica en la misma mesa. No basta con diseñar mejores modelos si después la red no puede sostenerlos.
SpaceX y Tesla pisan el acelerador industrial
Como respuesta, SpaceX acelerará el desarrollo de turbinas de gas y fabricará palas para esas turbinas en su fundición de Bastrop, en Texas. SpaceX y Tesla también acelerarán la fabricación en masa de paneles solares.
No resulta casual que la reacción combine gas y solar. Una tecnología aporta potencia firme para centros que no pueden parar y la otra intenta ampliar la generación con otra escala, una combinación que encaja con el giro hacia el gas en centros de datos.
Musk añade además una receta directa para los países. Propone que construyan una gran infraestructura de generación eléctrica y la ofrezcan a las empresas de la IA.
China entra en escena con ventaja eléctrica
Frente a ese desfase, Musk señala que China sí tiene la capacidad energética para atraer inversión e infraestructura de inteligencia artificial. La comparación no gira solo en torno a talento o semiconductores, sino a algo menos vistoso y más decisivo, la posibilidad física de enchufar esa expansión.
Al mismo tiempo, Musk sostiene que este sector hará crecer la producción económica mundial entre un 20 y un 30%. La promesa de riqueza existe, pero viene pegada a una condición material que no admite metáforas.
Si un sector aspira a crecer un 20 o un 30% y, a la vez, se enfrenta a un déficit energético de 15 GW en 2027, la discusión ya no trata solo de inteligencia artificial, sino de quién tendrá electricidad suficiente para sostenerla.