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“Es una batalla que vamos a perder”. La frase quedó recogida en el acta del 20 de julio de 2020 del primer Consejo Asesor de IA del Gobierno.
Aquel día, con Nadia Calviño como vicepresidenta tercera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital presente en la reunión, uno de los asesores dibujó un diagnóstico áspero sobre la posición española en inteligencia artificial. El acta lo identifica como un ingeniero de Facebook que había pasado del machine learning a la ética de la IA.
El Consejo nació para orientar y acabó en silencio
El primer Consejo Asesor de IA del Gobierno reunió a 20 expertos, pero su recorrido fue breve. Celebró su segunda y última reunión el 25 de enero de 2021 y, desde entonces, han pasado cinco años sin nuevas convocatorias.
No era solo una discusión técnica.
En aquella primera reunión, el asesor de Facebook sostuvo que en España no se podía aspirar a ser una potencia porque la competición era demasiado fuerte y porque no habría medios suficientes. Su planteamiento colocaba el debate lejos del optimismo institucional y más cerca de una pregunta incómoda sobre escala, recursos y capacidad real.
Ahí apareció también el problema del talento. El mismo asesor defendió la necesidad de repatriarlo y dejó una idea muy concreta sobre la mesa, que el talento podía ser español o no, pero debía estar en España, una preocupación que conecta con la demanda de perfiles con IA y con la competencia de universidades y compañías capaces de atraer a los especialistas más codiciados.
La regulación ya preocupaba antes de llegar
Junto a la carrera por el talento, el acta recoge otra inquietud que hoy suena familiar. El ingeniero advirtió sobre la legislación de la Unión Europea para que no terminara convertida en una pesadilla legal para investigar.
"La regulación es necesaria, pero va a estar equivocada casi con certeza y no puede crear parálisis" - ingeniero de Facebook y asesor del primer Consejo Asesor de IA del Gobierno
La frase no discutía la necesidad de poner límites, pero sí el riesgo de que la norma llegara con un peso excesivo sobre quienes investigan. Esa tensión entre control y margen de maniobra sigue presente en debates recientes sobre la primera ley española de IA, donde la regulación aparece como una herramienta de vigilancia y también como una fuente potencial de fricción.
La burocracia apareció cuando tocó hablar del dinero
Seis meses después, en la reunión del 25 de enero de 2021, otro miembro del consejo volvió a enfriar el ambiente. Su nombre aparece anonimizado en el acta, pero su diagnóstico quedó escrito con claridad.
Ese segundo asesor dijo que veía difícil lograr los objetivos con “la terrible burocracia”. Además, expresó su miedo a que el dinero no se tradujera en una realidad.
La secuencia resulta llamativa cuando se mira en conjunto. Primero apareció la duda sobre la capacidad de competir, luego la advertencia por la fuga o ausencia de talento y después el temor a que incluso con financiación el engranaje administrativo no transformara el gasto en resultados.
Ahora hay dos comités nuevos, pero la duda de fondo sigue ahí
El Gobierno ha creado dos nuevos comités independientes con 11 y 24 expertos para abordar la integración de la estrategia de Inteligencia Artificial. La cifra cambia, los nombres cambian y la arquitectura consultiva se amplía.
Pero el contraste permanece. El primer consejo tuvo 20 expertos, dejó dos reuniones entre el 20 de julio de 2020 y el 25 de enero de 2021, y en sus actas ya convivían tres alertas muy concretas, que España no tenía medios para ser potencia, que había que atraer talento al país y que la burocracia podía convertir el dinero en una promesa sin traducción práctica.