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La carrera de la inteligencia artificial no tropieza solo con ideas o con talento. Tropieza, sobre todo, con enchufes, chips y tiempo de máquina.
Google ha limitado el uso de Gemini y también ha rechazado una petición de Meta para comprar más capacidad de procesamiento. La escena resulta llamativa porque Meta no buscaba un servicio accesorio, sino músculo informático para sostener tareas internas que ya dependían de ese sistema.
Meta ya apoyaba trabajo diario en un modelo que rendía mejor
Dentro de Meta, Gemini se usaba para moderación, detección de fraudes, gestión de contenido sensible, atención al cliente, chatbots de ayuda para publicidad y tareas de programación. En ese conjunto de funciones, Gemini ofrecía mejor rendimiento que los modelos Llama de la propia empresa, una diferencia que ayuda a entender por qué el recorte de acceso no es un detalle menor.
Ahora afloran retrasos.
Varios proyectos internos de Meta se han frenado y la empresa ha pedido a sus empleados que empiecen a relajar el uso de tokens. Esa petición retrata una escasez muy concreta, porque en la práctica cada token consumido cuenta cuando el cómputo ya no alcanza para todo.
El problema no queda encerrado en una discusión técnica entre ingenieros. Cuando un sistema de IA participa en moderación, fraudes o atención al cliente, la falta de capacidad puede terminar notándose en tiempos de respuesta, filtros más lentos o herramientas menos disponibles para quienes trabajan dentro de la compañía.
Google también gana más y aun así admite que no le alcanza
Google Cloud registró ingresos de 20.000 millones de dólares en el primer trimestre del año, un 63 % más que el año pasado. Aun con esa subida, Sundar Pichai advirtió que la cifra habría sido mucho mayor si no fuera por las limitaciones de cómputo.
Esa contradicción dice bastante sobre el momento actual del sector. La demanda crece con tanta velocidad que ni siquiera una división que factura decenas de miles de millones logra atender todo lo que le piden, algo que ya se intuía en el alquiler masivo de GPUs para alimentar servicios basados en Gemini.
Google pagará 920 millones de dólares al mes a SpaceX para que le preste su infraestructura.
No es una cifra decorativa, sino una medida de urgencia. Si una de las mayores compañías tecnológicas del mundo recurre a esa factura mensual para ganar capacidad, la escasez de cómputo deja de parecer un cuello de botella pasajero y pasa a marcar decisiones empresariales muy concretas.
Mientras faltan chips, Meta levanta un centro de datos del tamaño de Manhattan
Meta está construyendo un centro de datos tan grande como la isla de Manhattan. La imagen sirve casi mejor que cualquier gráfico, porque resume hasta qué punto las empresas han dejado de competir solo con modelos y han pasado a competir con territorio, energía e infraestructura.
Ahí aparece otra ironía del momento. Meta impulsa una obra de escala descomunal y, al mismo tiempo, tiene que pedir a sus empleados que gasten menos tokens, una tensión que recuerda la presión sobre sus modelos cuando el hardware no acompaña al ritmo esperado.
El dato final no está en el tamaño de Manhattan, ni en los 920 millones al mes, ni siquiera en el 63 % de crecimiento. Está en que una empresa usa mejor el modelo de su rival que el suyo propio justo cuando ese rival ya no tiene capacidad suficiente para vendérsela.