Google recorta a Meta el acceso a Gemini por falta de potencia y frena proyectos internos

La escasez de capacidad de cálculo ya limita a Google, que no puede atender toda la demanda de sus clientes, y también a Meta, que depende de Gemini para tareas internas clave.

30 de junio de 2026 a las 12:45h
Google recorta a Meta el acceso a Gemini por falta de potencia y frena proyectos internos
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La carrera por la inteligencia artificial ya no tropieza solo con ideas o talento. Tropieza con algo más prosaico y más caro, la capacidad de cálculo.

Google recortó el acceso de Meta a Gemini porque la demanda desbordó la computación disponible, y ese cuello de botella llegó a proyectos internos que quedaron paralizados o retrasados. La propia Google avisó a Meta durante marzo de que no podría entregarle toda la capacidad que quería comprar.

Meta depende de Gemini más de lo que le gustaría admitir

Meta no usa la tecnología de Google para una tarea menor. La emplea en seguridad interna, atención al cliente, publicidad, flujos de trabajo internos y programación, porque Gemini rinde mejor que sus propios modelos abiertos Llama en varios de esos usos.

Esa dependencia ayuda a entender otra instrucción interna que a primera vista suena doméstica. Meta recomendó a sus trabajadores que fueran más eficientes con el consumo de tokens, una señal de escasez en un negocio acostumbrado a vender abundancia.

Ya hay precedentes de esa pugna por recursos en la distancia entre Meta y Gemini, donde el problema no era solo tener modelos propios, sino hacerlos competir con los mejores sin depender de capacidad ajena.

Google también vende menos de lo que podría vender

Sundar Pichai, consejero delegado de Google, reconoció que están “limitados a corto plazo”, y añadió que los ingresos de Google Cloud habrían sido mayores si la compañía hubiese podido atender toda la demanda de sus clientes.

No afecta solo a Meta. Otros clientes de Google también han sufrido restricciones, aunque en menor medida, lo que convierte la escasez de potencia en un problema comercial además de técnico.

La escena recuerda a una autopista nueva que se llena antes de inaugurarse del todo.

La factura de la potencia ya mueve cifras de otra escala

Google firmó con SpaceX un acuerdo mensual de 920 millones de dólares, mientras Anthropic cerró otro de 1.250 millones al mes. Cuando la capacidad escasea, el precio deja de parecer una nota al pie y pasa a marcar la estrategia de toda la industria.

Meta, por su parte, tiene planeado invertir 600.000 millones de dólares hasta 2028 para levantar sus propios centros de datos. La cifra retrata una paradoja llamativa, porque una de las empresas que más ha defendido sus modelos abiertos necesita al mismo tiempo comprar potencia fuera para sostener parte de su trabajo diario.

Algo parecido ya asomaba en el alquiler masivo de GPUs, donde la infraestructura se convirtió en protagonista con la misma fuerza que el software.

La escasez no golpea solo a la IA y ya salta al consumo

Mientras los grandes grupos pelean por chips y memoria para centros de datos, los productos de consumo también acusan el golpe. Fabricantes como Micron priorizaron el año pasado los chips HBM para esos centros frente a la DRAM común, y esa decisión disparó el coste de la RAM en productos destinados al mercado general.

De ahí salen movimientos que, vistos por separado, parecen inconexos. Xbox anunció una subida de 100 dólares para el modelo de 512 GB y de 150 dólares para el de 1 TB, Steam defendió el precio de su Steam Machine apuntando a los proveedores de memoria RAM y Apple pidió permiso a Estados Unidos para comprar chips a la china CXMT con la intención de frenar el aumento de precios.

Al final, la fiebre de la inteligencia artificial no solo reordena laboratorios y nubes. También termina asomando en el precio de una consola, en la memoria de un dispositivo doméstico y en la orden que recibe un empleado para gastar menos tokens.

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