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Washington lleva siete años intentando cerrar el grifo de los chips más avanzados de Nvidia, pero la carrera no se ha detenido.
Huawei ha encontrado otra vía. Sus procesadores rinden menos que los de Nvidia por unidad, aunque la compañía compensa esa desventaja al agrupar decenas o cientos de chips en clústeres que imitan el comportamiento de uno solo.
DeepSeek cambió de proveedor cuando el bloqueo ya formaba parte del paisaje
Ahí encaja el movimiento de DeepSeek, que se ha asociado con Huawei para utilizar procesadores Ascend. La alianza retrata un cambio industrial más amplio, porque ya no se trata solo de conseguir el chip más potente, sino de reorganizar miles de piezas disponibles para sostener cargas de inteligencia artificial.
DeepSeek sostiene que sus ingenieros han logrado que esos chips agrupados compitan con los de Nvidia. La empresa añade otra fecha a esa apuesta y afirma que en 2031 igualarán los mejores procesos de fabricación.
Perder potencia unitaria obliga a ganar escala.
Alibaba también entró en la carrera y lo hizo con miles de unidades
Hace dos semanas Alibaba anunció el desarrollo del superprocesador Zhenwu V900. No es un detalle aislado, porque el diseño nace para funcionar en servidores de inteligencia artificial integrado en plataformas de miles de unidades, justo la misma lógica de volumen que ya explotan otros actores chinos.
Esa coincidencia importa porque cambia la pregunta de fondo. En vez de medir quién fabrica el chip individual más capaz, la disputa empieza a girar alrededor de quién consigue coordinar mejor grandes enjambres de procesadores dentro del centro de datos.
Alibaba ya venía reforzando su músculo en este terreno con sus supernodos comerciales, una pista útil para entender por qué el Zhenwu V900 se concibe desde el principio como parte de una plataforma masiva y no como una pieza aislada.
Nvidia perdió Asia mientras pedía a Washington que aflojara
Nvidia, mientras tanto, ha perdido el mercado asiático e intenta que Washington levante las restricciones. La paradoja es evidente, porque el veto buscaba frenar el acceso chino a hardware puntero y ha empujado a competidores locales a construir alternativas alrededor de Huawei y de diseños propios.
Incluso fuera de este pulso directo, ya había señales de que la cuota de Nvidia en China se había evaporado, un dato que ayuda a leer la presión actual de la compañía sobre la Casa Blanca con menos épica y más contabilidad.
Siete años después del inicio de las restricciones, el dato más incómodo para Washington quizá no esté en un laboratorio, sino en la suma de clústeres, servidores y miles de unidades con las que empresas como Huawei, DeepSeek y Alibaba intentan reemplazar justo aquello que ya no pueden comprar.