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La geografía de la inteligencia artificial en el empleo español dibuja un mapa desigual. Madrid y Cataluña concentran la mayor proporción de trabajadores en ocupaciones altamente expuestas a la inteligencia artificial generativa, mientras Extremadura y Murcia aparecen en el extremo contrario.
No hablamos solo de territorios, sino también de credenciales. Más del 40% de las personas con estudios superiores trabaja en ocupaciones con alta exposición a la inteligencia artificial, frente al 15% de quienes tienen estudios de ESO o inferiores.
Desde 2022 el empleo creció justo donde más miradas despierta la IA
Desde 2022, el empleo ha aumentado en los cuatro grupos de ocupaciones clasificados por su exposición a la inteligencia artificial. El avance fue más intenso en los segmentos de exposición media alta y alta, que reúnen algo más del 30% del empleo total.
Ese dato rompe una intuición bastante extendida.
BBVA Research no observa hasta ahora una relación negativa entre exposición a la inteligencia artificial y empleo. Dicho de otro modo, los puestos más cerca de esta tecnología no han mostrado por ahora un castigo laboral automático, una idea que enlaza con el reordenamiento del empleo que otros análisis también vienen detectando.
Los sectores más expuestos no son minoritarios ni marginales
Más del 80% del empleo de tecnologías de la información, finanzas, seguros e inmobiliario se concentra en puestos altamente expuestos. Ahí la inteligencia artificial generativa no aparece como una rareza de laboratorio, sino como una herramienta que se acerca al centro mismo de muchas tareas cotidianas.
Rafael Doménech y Juan Ramón García, economistas, sitúan el debate en un terreno menos vistoso y más decisivo. España está creando empleo, sostienen, pero necesita elevar la productividad para mantener salarios y bienestar.
Ahí entra la inteligencia artificial generativa, aunque no como una varita automática. Doménech y García consideran que sus efectos sobre el empleo dependerán de la adopción tecnológica, la regulación, la organización empresarial y las competencias de los trabajadores. Cuatro factores que obligan a mirar más allá del simple recuento de puestos.
La brecha no pasa solo por la región, también atraviesa a las empresas
Cuando los economistas hablan de formación no lo hacen como un adorno. Recomiendan acompañar la inversión tecnológica con aprendizaje y cambios organizativos, sobre todo en pequeñas y medianas empresas, un punto que conecta con la distancia entre pymes y grandes empresas que ya asoma en otros estudios.
También plantean reforzar las capacidades digitales en el sistema educativo y facilitar la recualificación laboral. La idea es concreta y nada abstracta, que la inteligencia artificial asuma tareas menos productivas y libere tiempo para actividades de mayor valor añadido.
Al final, la diferencia entre un 40% y un 15% no describe solo niveles de exposición. También retrata qué parte del mercado laboral llega mejor preparada al cambio y cuál corre el riesgo de mirar la transformación desde la periferia.