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La inteligencia artificial ya no solo altera productos o balances bursátiles. En Konecta está redibujando la plantilla a gran escala.
La empresa ha ejecutado unos 11.000 despidos y prevé recortar otros 10.000 puestos de trabajo. Las protestas ya han salido a la calle, con una concentración el 24 de junio en la Torre Iberdrola de Vizcaya y expedientes de regulación de empleo en Elche y La Carolina.
La deuda creció antes de que llegara el ajuste
Detrás de ese recorte hay una estructura financiera muy cargada. En 2019, ICG compró Konecta a Banco Santander, al fondo PAI y a José María Pacheco, y la operación ya nació con 380 millones de deuda contratada con JPMorgan, BNP Paribas, Deutsche Bank y Crédit Agricole.
Tres años después, la fusión con la italiana Comdata añadió cerca de 1.000 millones más. A partir de ahí, el problema dejó de ser solo laboral y pasó a medirse también en vencimientos, acreedores y precio de mercado.
La deuda de Konecta ha perdido más del 40 % de su valor y cotiza a 57 puntos.
Ese deterioro no describe una cifra abstracta. La compañía arrastra 945 millones que vencen en octubre de 2029 y una línea de crédito de 200 millones con vencimiento en abril de 2029, en manos de fondos de deuda apalancada como Invesco, Jubilee, Sound Point y la propia ICG.
El mercado ya castiga al sector cuando la IA entra en la cuenta
No le ocurre solo a Konecta. El 30 de junio, las acciones de Concentrix y Teleperformance cayeron un 24 % y un 16 % por el impacto de la inteligencia artificial en el sector de subcontratación de procesos empresariales.
Antes, el 18 de junio, Accenture había caído un 18 % en Nueva York tras recortar su previsión anual de ingresos. El mensaje del mercado parece bastante nítido, porque ya no mira la IA solo como una promesa de eficiencia y también la asocia a costes de transición, presión comercial y empleo.
Ahí encaja también el peso de la IA en los despidos corporativos. Lo que en muchas empresas aún aparece como hipótesis, en Konecta ya figura en el balance y en las nóminas.
Los ingresos subieron, pero la caja siguió en rojo
El contraste más incómodo está en las cuentas. Konecta facturó 1.991 millones en 2024, un 5,6 % más que el año anterior, y mejoró su resultado de explotación de 21 a 55 millones.
Sin embargo, en 2025 el flujo de caja libre operativo fue negativo en siete millones de euros. Los costes extraordinarios subieron a 56 millones por los recortes de plantilla y la adaptación a la inteligencia artificial.
Konecta invirtió 84,5 millones en tecnología.
Ese dinero sirvió para lanzar un sistema de atención automática de llamadas y sistemas de inteligencia artificial autónoma. Al mismo tiempo, la empresa cerró centros ineficientes y abrió o amplió instalaciones en Egipto y la India, una combinación que resume bien la lógica del ajuste, menos personas en unos lugares y más automatización o capacidad en otros.
En ese movimiento también aparece la reorganización empresarial ligada a la IA. La diferencia es que aquí los cambios ya tienen números muy concretos, desde los 84,5 millones invertidos hasta los 21.000 empleos afectados entre despidos ejecutados y previstos.
S&P rebajó la perspectiva mientras Konecta buscaba aire
El 3 de marzo, S&P Global rebajó la perspectiva de Konecta de estable a negativa y mantuvo la calificación en B. No es un detalle menor cuando la empresa intenta convencer al mercado de que puede absorber el coste de su transformación y llegar a 2029 con margen suficiente.
La compañía ha presentado el plan Katalyst 2028 para elevar la facturación a 2.500 millones apoyándose en servicios de inteligencia artificial junto a Google y Uniphore. S&P prevé que en 2026 los ingresos crezcan un 3 % y que el flujo de caja libre alcance 31 millones positivos.
La tensión está ahí, sin maquillaje posible. Konecta mejora ventas y resultado de explotación, pero al mismo tiempo acumula deuda cercana a 1.000 millones, paga 56 millones en costes extraordinarios y afronta un mercado que ya castigó con caídas del 24 %, 16 % y 18 % a otras grandes compañías del sector en apenas doce días.