La camisa 'Digital Camouflage' de Simon Weckert engaña a YOLO y hace “desaparecer” a una persona

Simon Weckert creó en Berlín una camisa hawaiana para esquivar sistemas de visión artificial; probada con YOLO, logró que no reconociera a la figura como persona.

29 de agosto de 2026 a las 07:03h
La camisa 'Digital Camouflage' de Simon Weckert engaña a YOLO y hace “desaparecer” a una persona
La camisa 'Digital Camouflage' de Simon Weckert engaña a YOLO y hace “desaparecer” a una persona

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Una camisa puede convertirse en una discusión sobre quién ve a quién en la calle.

Simon Weckert, diseñador alemán, ha creado una camisa hawaiana llamada Digital Camouflage para volverse invisible ante determinados sistemas de visión artificial. La prenda nació en Berlín, con la mirada puesta en la prevista implantación de videovigilancia con inteligencia artificial en Kottbusser Tor.

Weckert vistió un estampado que engañó a un detector

El truco pertenece a una familia bien conocida en el campo de la inteligencia artificial, el ataque adversarial. Consiste en alterar una imagen o un objeto físico para que la máquina lea otra cosa distinta de lo que ve una persona.

Después, Weckert probó la camisa con YOLO, un sistema de detección de objetos de código abierto, y logró que la figura situada en primer plano no fuera reconocida como persona.

El estampado mezcla manchas rosas, verdes y naranjas porque el objetivo no era parecer raro a ojos humanos, sino perturbar las pistas visuales con las que el software reconstruye una silueta. Esa lógica ya aparece en otros frentes de la vigilancia automatizada, desde fraudes con identidad digital hasta sistemas que deciden si una cara o un cuerpo encajan en un patrón esperado.

"Nunca han aprendido qué es un ser humano" sino cómo son los humanos desde un punto de vista estadístico a partir de millones de imágenes de entrenamiento. Para la máquina, una persona es, en esencia, "un conjunto de estadísticas visuales". - Simon Weckert, diseñador alemán

Ahí está la clave del proyecto. Si el detector no reconoce a una persona como un ser, sino como una suma de regularidades visuales, alterar esas regularidades puede bastar para desaparecer de su radar.

El diseño pasó por un bucle que corregía cada fallo

Weckert desarrolló la prenda mediante un bucle adversarial, un proceso de ensayo y error en el que sucesivas versiones del estampado se enfrentaban al sistema de detección. Cada ronda servía para ajustar el dibujo y acercarlo un poco más a ese punto incómodo donde la máquina deja de fiarse de sus propios cálculos.

No es la primera vez que Weckert convierte un sistema digital en escenario de una performance pública. En 2020 recorrió calles de Berlín arrastrando un carrito con 99 teléfonos móviles conectados a internet y consiguió que Google Maps dibujara atascos inexistentes.

Aquel gesto y esta camisa comparten una misma intuición.

Los sistemas automáticos parecen sólidos hasta que alguien descubre qué señal toman por verdadera. También en la ropa empieza a aparecer esa idea, con marcas como Urban Privacy, que vende bufandas, sudaderas y camisetas, o Cap_able, centrada en prendas de punto de precio más alto y en un cruce entre moda e IA cada vez más visible.

La ficción lo imaginó en 2010 y la calle lo puso a prueba

William Gibson ya había jugado con una idea parecida en Zero History, publicada en 2010, donde aparecía una prenda descrita como la camiseta más fea del mundo. La diferencia es que ahora la fealdad ya no cumple una función estética ni simbólica, sino técnica.

Mientras en Estados Unidos hay 130.000 dispositivos de lectura automática de matrículas instalados por Flock y sus competidores, la camisa de Weckert recuerda algo incómodo. A veces basta un estampado de colores mal avenidos para exponer que una máquina no identifica personas, sino probabilidades.

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