Añadir Mangas Verdes como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
La vigilancia de los cárteles ya no depende solo de inspectores, cruces de expedientes y llamadas de alerta. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia prepara Atenea, un nuevo modelo de inteligencia artificial desarrollado por su propio personal para detectar comportamientos colusorios y cárteles tanto en la contratación pública como en los mercados abiertos.
Atenea llega para superar a Brava, el sistema de vigilancia algorítmica que la CNMC utilizaba hasta ahora.
Una base de 6 millones de contratos alimentó el salto
Detrás de ese cambio hay una infraestructura menos vistosa que un chatbot, pero mucho más pegada al terreno. La CNMC dispone de una base de datos de 6 millones de contratos que sirve como campo de entrenamiento para esta inteligencia artificial y que se apoya en más de una década de trabajo sobre grandes bases de datos.
En esa tarea participa la unidad de inteligencia económica, formada por unas quince personas y respaldada por el departamento informático. Ese equipo lleva más de diez años trabajando con grandes bases de datos, un detalle que ayuda a entender por qué el organismo no parte de cero cuando habla de aprendizaje automático.
"Casi todo ha sido un desarrollo interno hecho por funcionarios, de abajo arriba" - Susana Campuzano, directora de Competencia de la CNMC
No es un matiz menor. En un momento en que muchas administraciones compran herramientas cerradas o contratan servicios externos, aquí el acento cae sobre un desarrollo construido dentro de la propia institución, con personal público y conocimiento acumulado en casa.
Atenea reúne varias tareas que antes iban por separado
Su diseño funciona como un orquestador agéntico capaz de poner en común distintas habilidades. Ahí entran la vigilancia de la contratación pública, el análisis de mercados por clústeres, la comparación entre mercados, la detección de cárteles en mercados abiertos y la vigilancia de la colusión algorítmica.
Dicho de otro modo, no mira una sola ventana. Cruza comportamientos, compara patrones y busca señales donde una revisión manual tardaría mucho más en encontrar parecidos, algo que encaja con el tipo de prácticas que intentan esconderse precisamente dentro de grandes volúmenes de datos.
La CNMC ya encontró un cártel con ayuda de la inteligencia artificial
La prueba más concreta no está en la promesa técnica, sino en un caso real. La CNMC ya utilizó inteligencia artificial para destapar un cártel de suministro de alimentos que operaba en una agencia madrileña de atención social, en el ejército y en las prisiones.
Ahí aparece la dimensión cotidiana del problema. Hablamos de compras públicas que afectan a comedores, centros asistenciales o instituciones cerradas, espacios donde un acuerdo entre empresas no suena abstracto porque termina influyendo en precios, competencia y uso del dinero público.
Además, el salto tecnológico coincide con la etapa de Cani Fernández al frente del organismo.
Hace casi dos años, Fernández promocionó a Susana Campuzano al cargo de directora de Competencia. Ese movimiento sitúa el proyecto también dentro de una reorganización interna, no solo dentro de una carrera por subirse a la última ola técnica.
Otros supervisores también han abierto sus propios laboratorios
La CNMC no avanza sola en esta dirección. El Banco de España ha puesto en marcha Delta, el Departamento de Experimentación y Laboratorio de Tecnologías Aplicadas, ubicado en Barcelona, y contará con más de treinta personas tras contratar a diez investigadores para tareas como la detección de blanqueo de capitales.
La Comisión Nacional del Mercado de Valores trabaja por su parte en un plan tecnológico de 24 millones de euros para aplicar inteligencia artificial en la detección de publicidad engañosa, chiringuitos financieros y manipulación del mercado. Ese mapa dibuja una Administración supervisora que ya no usa la IA solo para automatizar trámites, sino para vigilar conductas que intentan pasar inadvertidas, como ya ocurre en la supervisión de algoritmos en el trabajo.
El contraste resulta llamativo. Mientras unas instituciones buscan detectar pactos ilícitos entre empresas y maniobras de manipulación con modelos cada vez más afinados, otras partes del sector público ya han disparado la compra de servicios automáticos, como muestran los contratos públicos de chatbots adjudicados en los últimos años.
Al final, el dato que mejor retrata el alcance de Atenea quizá no sea su nombre, sino su campo de entrenamiento. Pocas imágenes explican mejor este giro que una máquina aprendiendo sobre 6 millones de contratos para buscar, dentro de ellos, acuerdos que no deberían existir.