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La inteligencia artificial ya no solo promete ahorrar tiempo. En un banco, algunos procesos han pasado de costar cinco euros a 0,03 euros.
Esa distancia entre eficiencia y empleo recorre ahora el mercado laboral español. Mientras las empresas encuentran tareas que la máquina abarata de forma drástica, un estudio del Institut d’Economia de Barcelona de la Universitat de Barcelona mide otra cara del cambio con datos del Servicio Público de Empleo Estatal.
El mapa de la exposición ya coloca a varias profesiones en primera línea
Diego González-González, Nicolás González-Pampillón, Héctor Jiménez Portilla y Javier Vázquez-Grenno han analizado 502 ocupaciones para observar cómo golpea la exposición a la IA en España.
Entre las actividades que quedan más cerca de ese foco aparecen programadores, matemáticos, formadores y diseñadores. No es un detalle menor, porque ahí se concentran trabajos asociados a cualificación, tareas cognitivas y uso intensivo de herramientas digitales.
Además, más del 40% de los ocupados con estudios superiores trabaja en ocupaciones de alta exposición a la IA, frente a alrededor del 15% de quienes tienen la ESO o menos.
Ese reparto social ayuda a entender por qué la discusión ya no afecta solo a fábricas o empleos rutinarios. También entra de lleno en oficinas, aulas, departamentos técnicos y perfiles que hasta hace poco parecían mejor protegidos, un desplazamiento que encaja con empleos expuestos a la IA generativa en España.
Los datos de paro crecieron justo donde la exposición era mayor
Entre 2022 y 2024, un incremento de diez puntos porcentuales en la exposición a la IA se asoció a un aumento del desempleo del 1,2% en las actividades más expuestas.
Después, entre 2024 y 2026, el aumento del desempleo en esas actividades alcanzó el 1,7%. La secuencia importa porque sugiere que el efecto no quedó encerrado en una primera sacudida, sino que siguió visible en el siguiente tramo temporal.
No todas las señales apuntan en la misma dirección.
El informe de Fedea y BBVA Research introduce una cautela incómoda para cualquier lectura lineal. Su conclusión textual dice que "por ahora, las ocupaciones más expuestas a la IA no están destruyendo empleo".
La contradicción no está en los datos sino en la velocidad del cambio
Puede parecer una paradoja, pero no lo es tanto. Una cosa es que determinadas tareas valgan mucho menos en dinero y tiempo, y otra que el empleo desaparezca al mismo ritmo, sobre todo cuando las empresas todavía están reorganizando funciones, contrataciones y filtros internos.
Ahí encaja otra pista del mercado español, donde la automatización ya gana espacio en tareas de selección, redacción y cribado inicial, como muestran algunos usos de IA en selección de personal. Cuando una herramienta reduce un proceso de cinco euros a 0,03 euros, la presión no cae primero sobre el empleo total, sino sobre el valor económico de tareas concretas.
Por eso los números pueden convivir durante un tiempo sin desmentirse entre sí. El estudio del Institut d’Economia de Barcelona detecta más desempleo en las actividades más expuestas, mientras Fedea y BBVA Research advierten de que, por ahora, no aparece una destrucción neta de empleo en ese mismo universo.
La tensión real quizá esté ahí. Los perfiles más expuestos no son los menos formados, sino aquellos donde ya trabaja más del 40% de quienes tienen estudios superiores, frente a alrededor del 15% de quienes cuentan con la ESO o menos.