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La brecha ya no es teórica. En apenas tres años, la diferencia de productividad entre las organizaciones que han adoptado inteligencia artificial y las que no lo han hecho ha pasado de 2.700 euros por trabajador en 2022 a 6.300 euros en 2025.
Esa distancia aparece también en la cuenta global de las empresas. Los indicadores del Banco de España sitúan la aportación media en 1,5 millones de euros para las firmas tecnificadas, frente a 976.000 euros en las convencionales.
La ventaja ya se nota en salarios y contratación
Este mes, PwC dibuja un mercado laboral que empieza a partirse en dos. Las compañías más avanzadas tecnológicamente registran una productividad un 40% superior y sus plantillas crecen un 52% más rápido que las de sus competidores.
En algunos sectores, esa brecha se convierte directamente en sueldo. Los datos de PwC muestran que en finanzas los trabajadores con capacidades de inteligencia artificial pueden llegar a ganar un 97% más, mientras que en tecnología y telecomunicaciones la diferencia alcanza el 66%.
Ahí aparece una de las consecuencias más incómodas.
Javier Blasco, profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad Carlos III y director de Blasco de Luna y Asociados, pone el foco en las empresas que llegan tarde a esta carrera.
"Para las empresas rezagadas, las mejoras salariales por encima de lo establecido en convenio se convertirán en un techo de cristal inalcanzable, ya que, sin los retornos en rendimiento que ofrece la IA, les será imposible mantener los niveles retributivos de las firmas que lideran la carrera" - Javier Blasco, profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad Carlos III y director de Blasco de Luna y Asociados
Blasco remata esa idea con una frase aún más seca. "En suma, no podrán sostener los salarios y atraer personal".
Mientras tanto, el uso cotidiano de estas herramientas se extiende con rapidez. Un barómetro presentado por el Gobierno de Aragón, Microsoft e Ibercaja indica que cerca del 70% de los usuarios en España ya emplea inteligencia artificial generativa, frente al 51% de un año antes, y que cuatro de cada diez pymes y autónomos creen que ha reforzado su posición en el mercado.
Las empresas tienen presupuesto, pero les faltan perfiles que lo conviertan en negocio
No basta con comprar licencias o abrir una cuenta. Jorge Santamaría, director territorial de LHH Recruitment Solutions del Grupo Adecco, describe un atasco muy concreto entre la herramienta y el resultado económico.
"Muchas organizaciones poseen el presupuesto y las herramientas, pero carecen de perfiles híbridos —financieros, comerciales u operativos— capaces de trasladar la tecnología a la cuenta de resultados. Esta carencia genera un círculo vicioso peligroso para las más analógicas porque su menor productividad les dificulta transformarse" - Jorge Santamaría, director territorial de LHH Recruitment Solutions del Grupo Adecco
Ese círculo explica otra paradoja de la adopción. Una amplia mayoría de negocios que consideraron implementar inteligencia artificial no llegó a hacerlo por falta de conocimientos especializados internos, según el Informe Anual del Banco de España.
Ahora el mercado de trabajo responde elevando la exigencia desde abajo. Roberto Rodríguez, consejero delegado de Dathum, asegura que en los últimos seis meses el dominio de herramientas de inteligencia artificial ha pasado de ser una preferencia en el 60% de las empresas a convertirse en una exigencia en todos los procesos de selección.
Además, Rodríguez advierte de que las compañías que limitan o prohíben estas tecnologías uso diario de IA corren el riesgo de perder al personal más proactivo.
Desde el primer escalón profesional, el cambio ya altera lo que una empresa espera de quien entra. Santamaría señala que ahora se pide aportar valor, ser analítico y entender el negocio desde el primer día, porque las tareas mecánicas de aprendizaje que antes servían como entrenamiento ya las hace la IA.
La discusión ya no es solo tecnológica, también laboral
Blasco sostiene que el trabajo dejará de tener la misma importancia si una parte de la plantilla cuenta con el multiplicador de la tecnología y la otra no. Desde esa lógica, el atraso tecnológico de una empresa podría acabar invocándose como causa técnica legítima para justificar un despido colectivo.
La velocidad del cambio ayuda a entender por qué esa posibilidad ya entra en la conversación jurídica. Blasco indica que la tecnología está modificando las tareas dos veces y media más rápido que en los empleos no tecnificados, una aceleración que encoge los tiempos de adaptación para empresas y trabajadores.
Frente a ese salto, la CEOE defiende una adopción gradual y estratégica de las herramientas digitales. La organización empresarial considera útil el Kit Digital y reclama avanzar en programas de alfabetización que reduzcan una desventaja que ya aparece en productividad, contratación y salarios, una discusión conectada con supervisión de despidos automatizados.
Al final, la imagen más nítida la dejan dos cifras que se empujan entre sí. Las empresas con inteligencia artificial ganan terreno hasta los 6.300 euros de productividad extra por trabajador, mientras muchas de las que quisieron sumarse ni siquiera dieron el paso por no tener dentro a quien supiera convertir la herramienta en trabajo útil.