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Una carta de Napoleón Bonaparte, escrita en París el 16 de marzo de 1809, ha vuelto a leerse dos siglos después gracias a la inteligencia artificial.
El documento iba dirigido al general Auguste de Marmont, que tenía sus tropas acantonadas en Dalmacia, en la actual Croacia. En realidad la misiva la envió Eugenio, hijastro de Napoleón y virrey de Italia, y llevaba 24 líneas cifradas con números de dos dígitos, letras sueltas, símbolos inventados y una primera línea en francés.
El mensaje pedía resistir pese al aislamiento
Lo que salió a la luz fue algo más que una rareza de archivo. El contenido descifrado detallaba la ubicación de los ejércitos franceses y aliados, y empujaba a Marmont a no dejarse intimidar por su posición aislada.
Aquí no había un código limpio ni una clave única. La dificultad estaba en transcribir, ordenar y traducir un material híbrido, un terreno donde la automatización ya ha demostrado utilidad en la lectura de manuscritos antiguos.
Church lo sitúa en un punto menos espectacular y más laborioso.
"El cifrado en sí no es difícil, y los criptógrafos podrían haberlo descifrado fácilmente si hubieran tenido el tiempo y la energía necesarios" - Carter Church, ingeniero de SentinelOne
Después llega la parte que suele quedar fuera del foco. En este caso no bastaba con romper una clave, porque antes había que convertir signos dispersos en un texto legible y catalogable.
"Pero el trabajo de transcribir, catalogar, traducir y luego descifrar es complejo y multidisciplinario" - Carter Church, ingeniero de SentinelOne
La barrera no era el código, sino el trabajo previo
Ese matiz cambia bastante la escena. La inteligencia artificial no aparece aquí como sustituta del criptógrafo, sino como apoyo para una cadena de tareas donde se mezclan archivo, lengua e interpretación técnica.
De hecho, Church amplía el problema más allá de este caso concreto.
"Cada campo tiene un cúmulo de problemas sin resolver en nichos de mercado específicos, problemas que los especialistas no tienen la capacidad para abordar" - Carter Church, ingeniero de SentinelOne
No es una cuestión menor.
La idea encaja con otros usos recientes de la IA en documentos históricos y con debates más ásperos sobre su papel en la investigación, como ya se ha visto en la controversia sobre historiografía e IA. Aquí la máquina no inventó el contenido, pero sí ayudó a reducir el tiempo que exige un trabajo que antes podía quedarse décadas en espera.
La curiosidad ajena al sistema empieza a pesar
Church remata esa tensión con una observación que desplaza el foco desde los grandes laboratorios hacia quienes trabajan por interés propio.
"La conclusión es que quienes reduzcan esas listas serán cada vez más personas ajenas al sistema que simplemente sentían curiosidad" - Carter Church, ingeniero de SentinelOne
Ahí asoma una paradoja bastante nítida. Una carta militar escrita en plena Europa napoleónica termina dependiendo, más de 200 años después, de herramientas capaces de ordenar símbolos, detectar patrones y sostener la paciencia que antes faltaba para leer 24 líneas cifradas enviadas desde París a un general aislado en Dalmacia.