La inteligencia artificial ya tiene una cifra incómoda sobre la mesa en España. Una investigación de la Fundación de las Cajas de Ahorros y la Universidad de Granada calcula que destruirá entre 1,7 y 2,3 millones de empleos durante la próxima década, mientras creará 1,6 millones de nuevos puestos.
Ahí aparece la primera tensión del estudio. La IA no entra solo para sustituir trabajo, también abre ocupaciones nuevas, pero la balanza no sale limpia y el ajuste afecta sobre todo a perfiles que hasta hace poco parecían más protegidos que otros.
Los empleos de oficina quedan en el centro del golpe
El impacto principal recae en profesionales de cuello blanco con alta cualificación. Técnicos, científicos y personal administrativo figuran entre los grupos más expuestos, una señal de que la automatización ya no se limita a tareas manuales ni a procesos industriales.
Ana Reyes Menéndez, doctora experta en inteligencia artificial y robótica y catedrática de Comercialización e Investigación de Mercados en la Universidad Rey Juan Carlos, pone nombre a esa zona de riesgo.
"Técnicos, científicos y personal administrativo son los perfiles que afrontan el mayor riesgo de sustitución en sus tareas cognitivas repetitivas" - Ana Reyes Menéndez, catedrática de Comercialización e Investigación de Mercados en la Universidad Rey Juan Carlos
La clave está en esas tareas cognitivas repetitivas. No hablamos de profesiones enteras que desaparecen de un día para otro, sino de partes del trabajo diario que una máquina puede absorber con rapidez, desde trámites hasta procesos de análisis muy pautados.
La formación decide quién pierde terreno y quién gana margen
Frente a ese escenario, el informe y la experta coinciden en la misma prioridad. La formación y el reciclaje profesional deben ocupar un lugar central si España quiere evitar una brecha de talento que castigue sobre todo a las pequeñas y medianas empresas.
No es un matiz menor. Cuando una tecnología avanza más deprisa que la capacidad de aprender a usarla, el problema no consiste solo en destruir empleo, sino en dejar a miles de trabajadores atrapados entre lo que sabían hacer y lo que el mercado empieza a pedir, como ya reflejan los datos de uso diario de estas herramientas.
Ana Reyes Menéndez defiende además una idea menos defensiva que reactiva. A su juicio, lo ideal sería implementar la IA como un aliado para que estos profesionales reorienten su esfuerzo hacia tareas de mayor valor para uno mismo, para la empresa y para la sociedad.
Anticiparse pesa más que resistirse
La autora de la tesis ¿Cómo evitar que la IA te quite el puesto? plantea que no se puede frenar la adopción de una nueva tecnología, del mismo modo que ocurrió en otros cambios técnicos anteriores. La cuestión, sostiene, consiste en anticiparse a los efectos que va a tener.
Esa anticipación no depende solo de cada trabajador. Reyes Menéndez reclama un marco regulatorio europeo que proteja a los trabajadores, ayude a que la IA tenga un efecto positivo en general y, al mismo tiempo, evite que la conversación pública quede reducida al miedo.
Mientras una parte del debate sigue preguntándose si la IA es enemiga o herramienta, la investigadora propone otra imagen. Habla de profesionales aumentados por esa IA, una expresión que desplaza el foco desde la sustitución total hacia la convivencia entre capacidades humanas y automatización, un debate que también aparece en la caída del empleo informático.
El dato que queda al final no gira alrededor de robots ni de laboratorios, sino de oficinas, mesas de trabajo y rutinas cotidianas. Si entre 1,7 y 2,3 millones de empleos pueden desaparecer en una década y 1,6 millones nacerán al mismo tiempo, la verdadera frontera estará en quién logra moverse a tiempo de unas tareas repetitivas a otras de mayor valor.