Añadir Mangas Verdes como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
La inteligencia artificial ha entrado en el aula por la puerta de casa.
Roberto Serrano, catedrático español de la Universidad de Brown, denunció que muchos de sus alumnos usaron inteligencia artificial para responder a exámenes hechos desde casa. El problema no queda en la trampa puntual, porque también vuelve mucho más borrosa una pregunta básica para cualquier docente, qué sabe realmente un estudiante cuando nadie lo ve trabajar.
Los exámenes en casa ya no miden igual lo que aprende un alumno
Ahí aparece una inquietud que va más allá de copiar. Cuando una máquina redacta, ordena ideas y propone respuestas en segundos, el profesor no solo pierde control sobre la autoría, también pierde una parte de la medida del esfuerzo, de la escritura y del pensamiento crítico.
Muchos expertos llevan tiempo advirtiendo de ese riesgo.
Su aviso apunta en varias direcciones a la vez. El uso de inteligencia artificial puede debilitar la capacidad de escribir, empujar a respuestas cada vez menos propias, aumentar el fraude y complicar la evaluación real del conocimiento.
Los profesores vuelven a mirar a la voz del alumno
Por eso muchos docentes están cambiando su forma de evaluar. Ganan terreno los exámenes orales y los trabajos que cada estudiante tiene que defender delante del profesor, un formato que obliga a mostrar comprensión y no solo un texto bien presentado.
Hay en ese giro algo casi antiguo y a la vez muy actual. Preguntar cara a cara, pedir una explicación improvisada o repreguntar sobre un argumento devuelve la evaluación a un terreno donde la herramienta automática lo tiene más difícil.
En Italia, de hecho, la mayoría de los exámenes universitarios han sido tradicionalmente orales.
El regreso al aula también tiene un coste muy concreto
No todos pueden permitirse ese cambio con facilidad. Las pruebas orales exigen mucho tiempo y su viabilidad depende del número de alumnos, de modo que los docentes con aulas llenas han optado por recuperar el examen presencial.
La paradoja es clara. La tecnología prometía facilitar tareas, pero en muchos campus está empujando a fórmulas más lentas, más vigiladas y más difíciles de escalar, como ya ocurrió en un caso reciente en Brown y en la apuesta por exámenes orales.
Al final, la discusión no trata solo de máquinas que responden bien. Trata de profesores que vuelven a sentar al alumno delante de ellos para comprobar si detrás de una respuesta correcta hay conocimiento propio o apenas una buena instrucción escrita desde casa.