La IA en la A-2 y la AP-7 detecta 8.500 móviles y 4.500 cinturones, pero un 26% y 30% de avisos eran falsos

Un remolque con cámaras de alta definición controló 310.000 vehículos en Cataluña. La prueba detectó 8.500 usos del móvil y 4.500 casos de cinturón, pero técnicos humanos revisaron y descartaron parte de las alertas.

05 de agosto de 2026 a las 11:18h
La IA en la A-2 y la AP-7 detecta 8.500 móviles y 4.500 cinturones, pero un 26% y 30% de avisos eran falsos
La IA en la A-2 y la AP-7 detecta 8.500 móviles y 4.500 cinturones, pero un 26% y 30% de avisos eran falsos

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Un remolque con cámaras de alta definición observó durante junio y julio dos de las vías más transitadas de Cataluña.

La prueba del Servei Català de Trànsit en la A-2 y la AP-7 no dejó la sanción en manos de un algoritmo. Las imágenes pasan por técnicos humanos, que revisan cada aviso, deciden si hay infracción y tramitan la multa.

La IA detectó el móvil incluso cuando iba sobre las piernas

Entre 310.000 vehículos controlados, el sistema registró 8.500 casos de uso del teléfono móvil, un 2,8 %. No solo marcaba al conductor que llevaba el aparato en la mano, también a quien lo tocaba o lo apoyaba sobre las piernas.

Ahí aparece una de las claves del ensayo. La máquina vigila mucho, pero no acierta siempre, y la revisión humana rebajó parte de esas alertas porque el sistema arroja un 26 % de falsos positivos en la detección del móvil.

Mientras tanto, el cinturón dejó otra cifra menos visible, aunque igual de reveladora.

El cinturón falló menos en carretera y más en la criba del sistema

Sobre 410.000 vehículos controlados, la prueba registró 4.500 casos de ausencia o uso incorrecto del cinturón de seguridad, un 1,1 %. En esa categoría, la revisión posterior atribuyó al sistema un 30 % de falsos positivos.

No es un matiz menor. Si una de cada tres alertas sobre el cinturón termina descartada por personas, la tecnología funciona como filtro previo, no como juez automático, una lógica parecida a la que ya asoma en radares urbanos con IA capaces de vigilar varias infracciones a la vez.

Primero detecta la cámara, después corrige el ojo humano.

La diferencia entre detectar y sancionar marcó toda la prueba

Ese reparto de tareas ayuda a entender el experimento. El software lanza avisos sobre conductas concretas, pero la decisión que convierte una imagen en multa sigue en manos de técnicos humanos.

Tampoco hablamos de una vigilancia improvisada. El Servei Català de Trànsit prevé incorporar estos dispositivos al Plan de Seguridad Vial 2027-2030, lo que sugiere que la prueba de verano no fue un episodio aislado, sino un ensayo con vocación de continuidad dentro de una red de control cada vez más automatizada, como ya ocurre en el debate sobre registro público de IA aplicada a espacios cotidianos.

Las dos cifras que mejor resumen la prueba no son las 8.500 alertas por móvil ni las 4.500 del cinturón, sino ese 26 % y ese 30 % de avisos erróneos que obligan a recordar algo básico cuando la vigilancia se automatiza. La máquina detecta patrones, pero la sanción todavía necesita a alguien que mire dos veces.

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