La IA puede contaminar entre 3 y 13 veces más al facilitar más extracción de petróleo

Un estudio de NPJ Climate Action concluye que la IA no solo emite por sus centros de datos: también impulsa la extracción de petróleo y eleva los beneficios del sector fósil.

19 de agosto de 2026 a las 09:09h
La IA puede contaminar entre 3 y 13 veces más al facilitar más extracción de petróleo
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La cuenta climática de la inteligencia artificial no termina en los centros de datos.

Un estudio publicado en NPJ Climate Action sostiene que su impacto ambiental también altera la economía del suministro de combustibles fósiles. Will Alpine y Holly Alpine, antiguos responsables de Microsoft dedicados ahora a la investigación sobre sostenibilidad, concluyen que el aumento de productividad ligado a estas herramientas facilita extraer más petróleo y eleva los beneficios del sector.

El problema aparece cuando la IA también ayuda a sacar más petróleo

Ahí cambia el marco del debate. Durante meses, buena parte de la conversación pública se ha concentrado en la electricidad que consumen los servidores, pero los autores reclaman mirar además para qué se usa esa capacidad de cálculo y qué efecto tiene después fuera de la sala de máquinas.

Su estimación sitúa la contaminación adicional ligada al auge de la inteligencia artificial entre tres y trece veces por encima de las emisiones ya asociadas a los centros de datos.

Holly Alpine, investigadora sobre sostenibilidad y antigua responsable de Microsoft, describió de forma muy concreta ese vínculo entre tecnológicas y petroleras.

"Hay equipos de ingenieros y vendedores en estas empresas tecnológicas dedicados expresamente a la industria de los combustibles fósiles" - Holly Alpine, investigadora sobre sostenibilidad y antigua responsable de Microsoft

No se trata solo de una relación indirecta entre consumo eléctrico y emisiones. El estudio menciona un contrato de veinte años entre Microsoft y Chevron para una gran planta de gas natural, y también la construcción por parte de Amazon de la mayor planta de combustibles fósiles de Estados Unidos.

Ese cruce entre computación y energía ya había asomado en las reglas de los centros de datos, donde el debate sobre la IA terminó mezclado con el origen real de la electricidad. Cuando la discusión se limita al edificio, el foco queda en la chimenea equivocada.

Los autores piden medir el uso real que alimenta la infraestructura

Will Alpine y Holly Alpine insisten en otra omisión que consideran central.

"Nos resulta difícil y frustrante ver que la conversación sobre los verdaderos efectos climáticos de la IA se detenga en las emisiones operativas" - Will Alpine y Holly Alpine, investigadores sobre sostenibilidad y antiguos responsables de Microsoft

Su objeción va contra una contabilidad demasiado estrecha. Medir únicamente la contaminación de las instalaciones que hacen funcionar la inteligencia artificial, sostienen, deja fuera el efecto que esa misma tecnología puede tener al volver más eficiente la expansión de los combustibles fósiles.

Además, esa presión material sobre la infraestructura ya se ha visto en la demanda eléctrica de centros de datos, donde el crecimiento del cálculo acaba trasladándose al territorio, a la red y al coste energético. La novedad de este estudio es que añade una capa menos visible y más incómoda, la de los usos industriales que multiplican emisiones lejos del servidor.

Por eso los autores reclaman límites más estrictos y mantienen su oposición a nuevos centros de datos. Su punto de partida no es solo cuánto contaminan esas instalaciones, sino qué actividades vuelven más rentables, hasta el extremo de que el saldo adicional calculado llega a multiplicar entre tres y trece veces las emisiones directas atribuidas a los propios centros.

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