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La inteligencia artificial ya no aparece solo en la defensa. También entra de lleno en el ataque.
Un informe de Inetum publicado el 15 de octubre de 2026 dibuja ese cambio con cifras muy concretas. Cerca del 80% de los ataques de secuestro de datos integran componentes de inteligencia artificial y el 83% de las campañas de suplantación de identidad detectadas incorpora esas capacidades.
Durante el primer semestre de 2026, además, se gestionaron más de 60.000 alertas de seguridad y más de 22.000 incidentes. La parte más incómoda no está solo en el volumen, sino en la intensidad, porque casi el 40% de esos incidentes alcanzó una gravedad alta o crítica.
El fraude ganó terreno cuando la automatización entró en la cadena del ataque
Malware, intentos de intrusión y fraude sumaron más del 60% de los casos detectados. No cuesta imaginar el efecto práctico de esa mezcla cuando la IA permite redactar engaños más creíbles, ajustar mensajes sobre la marcha y escalar campañas que antes exigían más tiempo y más manos, algo que ya se aprecia en phishing asistido por IA.
Hay otro dato que aprieta aún más el cuadro. En el ámbito industrial, el 75% de los ataques arranca en brechas de la red corporativa.
Esa cifra desplaza la atención hacia un punto menos vistoso que el rescate final, pero decisivo en la práctica. El problema no empieza cuando la planta se detiene o cuando aparece la nota de extorsión, sino mucho antes, en una red empresarial que abre una puerta al entorno industrial y deja pasar desde intrusiones hasta fraude.
La presión creció al mismo tiempo que cambiaba el mapa empresarial
Mientras ese volumen de incidentes subía, el sector también movía fichas en su estructura comercial y corporativa. VASS nombró a Alfredo Ávila nuevo director de ventas para Iberia el 16 de febrero de 2026.
Unos meses antes, el 22 de octubre de 2025, Veeam adquirió Securiti por 1.725 millones de dólares. La operación encaja en un momento en que la seguridad ya no gira solo alrededor de copias de respaldo o recuperación, sino también alrededor del control del dato, una tensión que enlaza con el uso de IA con datos confidenciales.
Visto en conjunto, el retrato tiene algo de paradoja. Las mismas herramientas que aceleran tareas legítimas también reducen el tiempo y el coste de campañas de secuestro de datos, de suplantación y de intrusión.
Por eso el dato más áspero del informe quizá no sea el número de alertas ni el tamaño de una compra millonaria, sino esa combinación de fondo en la que casi el 40% de los incidentes ya fue grave o crítico mientras cerca del 80% del secuestro de datos incorporaba inteligencia artificial.