La ONU avisa en Ginebra: la IA ya la usan más de 1.000 millones de personas y 5 empresas controlan el 60% del mercado

La ONU celebró en Ginebra el primer diálogo global sobre gobernanza de la IA y presentó su primer informe científico. Advierte de la concentración del poder, el avance de la desinformación y pide reglas coordinadas.

08 de julio de 2026 a las 11:11h
La ONU avisa en Ginebra: la IA ya la usan más de 1.000 millones de personas y 5 empresas controlan el 60% del mercado
La ONU avisa en Ginebra: la IA ya la usan más de 1.000 millones de personas y 5 empresas controlan el 60% del mercado

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La ONU ha llevado a Ginebra una discusión que ya no cabe en los laboratorios ni en los consejos de administración. Allí ha celebrado el primer Diálogo Global sobre gobernanza de la inteligencia artificial y ha presentado el primer informe del Panel Científico Internacional Independiente.

Más de 1.000 millones de personas usan ya inteligencia artificial conversacional.

Antonio Guterres situó el debate donde duele

Cuando una tecnología entra a la vez en la economía, el empleo, la política y la seguridad, la discusión deja de ser técnica. Antonio Guterres, secretario general de la ONU, lo resumió con una advertencia que retrata esa amplitud del problema.

"Una tecnología que puede remodelar economías, transformar el mundo del trabajo, manipular elecciones y poner en jaque los sistemas de seguridad se está desarrollando más rápido que nunca" - Antonio Guterres, secretario general de la ONU

No habla de un riesgo aislado, sino de varios frentes que avanzan al mismo tiempo. La velocidad importa porque los mecanismos de control, las normas y los acuerdos entre países suelen moverse bastante más despacio que los sistemas que intentan regular.

El poder de cálculo ya está concentrado en muy pocas manos

Hay una cifra que ayuda a entender por qué la gobernanza ocupa ahora el centro del debate. El 75% de la capacidad de cómputo mundial está en manos de Estados Unidos, mientras China concentra el 15% y la Unión Europea queda en el 5%.

Esa desigualdad no se queda en la infraestructura. Cinco empresas controlan el 60% del mercado global de inteligencia artificial, una concentración que encoge el número de actores capaces de fijar el ritmo tecnológico y también el margen de maniobra de muchos gobiernos.

En ese reparto, la concentración de centros avanzados ofrece un contexto útil para medir hasta qué punto el mapa de la inteligencia artificial depende de unos pocos nodos. No es solo una cuestión empresarial, porque detrás aparecen capacidad industrial, acceso a chips y poder político.

La mentira también encontró una escala industrial

El primer informe del panel científico de la ONU introduce otra tensión menos visible y mucho más cotidiana. La desinformación se ha convertido en un negocio persuasivo y rentable, justo cuando la inteligencia artificial conversacional ya forma parte de la vida de más de 1.000 millones de personas.

La frase que recoge el informe resulta difícil de ignorar. "La desinformación es rentable y persuasiva".

Ahí aparece una contradicción incómoda para cualquier democracia. Cuanta más gente usa estas herramientas para informarse, preguntar o producir contenidos, más valor adquiere la capacidad de fabricar mensajes falsos a gran escala y hacerlos circular con apariencia de normalidad, como ya dejaron ver las citas falsas generadas con IA en un ámbito tan sensible como el judicial.

Ginebra acogió una llamada a coordinar reglas

Frente a ese escenario, la ONU ha pedido a los gobiernos una acción coordinada para sentar las normas de los avances de la inteligencia artificial. La petición suena institucional, sí, pero nace de un dato muy material, porque el poder de cálculo, el mercado y la capacidad de influir sobre la información ya están notablemente concentrados.

La escena deja una pregunta de fondo. Si cinco empresas controlan el 60% del mercado global y tres bloques reúnen casi toda la capacidad de cómputo, la gobernanza de la inteligencia artificial ya no discute solo qué puede hacer una máquina, sino quién decide para quién trabaja y con qué límites.

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