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Desde este domingo, hablar con una máquina en la Unión Europea deja de ser una zona gris. Las plataformas deben avisar cuando el usuario interactúa con una inteligencia artificial y también cuando el contenido que recibe ha sido alterado.
Bruselas obliga a que la máquina se identifique
La nueva exigencia alcanza a servicios públicos, herramientas corporativas de atención al cliente y sistemas de gestión de denuncias de fraude. OpenAI con ChatGPT, Google con Gemini y Anthropic con Claude deben diseñar sus sistemas para que cualquiera identifique que está tratando con una inteligencia artificial.
También el reconocimiento de emociones y la categorización biométrica quedan bajo aviso previo.
Ahí entra una excepción que no es menor. Los operadores de estos sistemas deben advertir a las personas analizadas, salvo cuando la finalidad sea prevenir o perseguir delitos.
Desde hoy, el contenido sobre interés general ya debe ir señalado
Desde hoy, cualquier contenido generado por inteligencia artificial que trate asuntos de interés general debe quedar señalado, salvo que una persona lo haya revisado. La norma introduce una frontera delicada entre automatización y supervisión humana, justo donde más pesa la confianza del lector, del votante o del ciudadano que busca una respuesta pública.
Esa lógica ya aparecía en las reglas sobre deepfakes y resúmenes, donde Bruselas intentaba distinguir entre una manipulación engañosa y una pieza sometida a control editorial.
Las obras de ficción, artísticas o satíricas quedan fuera de la obligación de informar sobre alteraciones. Tampoco los servicios de inteligencia artificial asumen la responsabilidad legal por el material creado por sus usuarios, porque esa carga recae sobre quienes lo publican y deben informar de la alteración.
El 2 de diciembre llegará la marca de agua y también una prohibición concreta
Desde el 2 de diciembre, los contenidos manipulados por inteligencia artificial deberán incorporar marcas de agua que permitan identificar su origen artificial. Ese mismo día también quedará prohibida la creación de imágenes sexualizadas mediante inteligencia artificial sin el consentimiento de las personas afectadas.
X tendrá hasta final de año para implantar salvaguardas en Grok tras la polémica por las imágenes sexualizadas. El calendario revela una tensión poco cómoda entre la entrada en vigor de las obligaciones y el tiempo adicional que aún conservan algunas plataformas para adaptarse.
La Oficina de IA gana poder y puede abrir la caja negra de los modelos
Mientras el usuario verá etiquetas y avisos, Bruselas refuerza al mismo tiempo la supervisión en la trastienda. La Oficina de Inteligencia Artificial de la Comisión Europea amplía sus competencias para vigilar modelos generativos y sancionar incumplimientos.
La Comisión Europea podrá imponer multas de 15 millones de euros o del 3 % de la facturación anual global a los sistemas de inteligencia artificial generativa que incumplan estas obligaciones. En el caso de instituciones u organismos de la Unión Europea, las sanciones podrán alcanzar los 750.000 euros.
Además, la Oficina de Inteligencia Artificial puede requerir a Anthropic acceso al modelo Mythos para evaluar los riesgos de sistemas catalogados como de alto riesgo. Esa posibilidad conecta con el pulso por auditar Mythos, uno de los puntos donde la promesa de transparencia tropieza con los límites de seguridad y secreto industrial.
Bruselas negocia con Anthropic un marco para que ENISA examine Mythos sin comprometer infraestructuras críticas ni información sensible. Fuentes comunitarias han declarado que no han concretado los próximos pasos “por razones obvias”.
La escena final de esta ley no está en un laboratorio, sino en un gesto cotidiano del usuario que mira una etiqueta, duda un segundo y decide si confía. Entre esa advertencia mínima y una multa de 15 millones de euros, la Unión Europea ha querido convertir la transparencia en una obligación visible.