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Meta afronta en California una demanda que pone el foco en una pregunta incómoda para la fiebre de la inteligencia artificial. ¿Qué ocurre cuando los sistemas que prometen ordenar el trabajo entran también en decisiones que afectan al sueldo, la salud o el empleo?
El 13 de julio, más de dos docenas de demandantes anónimos llevaron el caso ante un tribunal federal de distrito de California por una presunta selección injusta e ilegal de trabajadores para el despido mientras estaban de baja protegida.
La demanda apunta a despidos que llegaron durante bajas protegidas
Los 26 demandantes habían solicitado, disfrutado o recibido aprobación para un permiso protegido por ley en los 24 meses anteriores a la reducción de plantilla. Ahora piden una medida cautelar que impida a Meta formalizar despidos o alterar su remuneración, sus prestaciones o su situación de baja protegida.
Entre los episodios recogidos aparece el de una científica despedida dos días antes de dar a luz.
También figuran la evaluación de un ingeniero vinculada al tiempo perdido por una lesión y la reprimenda a un investigador después de pedir una baja por diagnóstico médico. La demanda sostiene además que Meta infringió la Ley de Permisos Familiares y Médicos de Estados Unidos y la Ley de Notificación de Ajuste y Reciclaje Profesional de los Trabajadores, que exige avisar por escrito con 60 días naturales de antelación en despidos masivos.
Meta niega que la inteligencia artificial decidiera sola
La empresa rechaza las acusaciones y mantiene que carecen de fundamento. Meta sostiene que las decisiones relativas a la plantilla fueron, y siguen siendo, tomadas por personas y no por la inteligencia artificial.
Sin embargo, el escrito judicial describe una arquitectura interna amplia que iba mucho más allá de una herramienta aislada. Ahí aparecen Metamate, agentes de segundo cerebro, algoritmos que rastreaban pulsaciones de teclas y paneles de control del uso de tokens, un conjunto que conecta productividad, vigilancia y gestión laboral en la misma pantalla.
El 20 de mayo de 2026, Meta empezó a notificar los despidos a unos 8.000 empleados.
Esa cifra equivale a aproximadamente el 10% de la plantilla y encaja con una reestructuración que ya había asomado en los recortes y traslados a IA comunicados en mayo. Al mismo tiempo, la compañía llegaba al primer trimestre de 2026 con ingresos récord de 56.310 millones de dólares, un 33% más que un año antes, y con el compromiso de invertir más de 100.000 millones de dólares en inteligencia artificial durante este año.
La velocidad del algoritmo no resuelve el problema de la justicia
Sanchit Vir Gogia, analista jefe de Greyhound Research, sitúa el debate en el terreno menos visible de esta clase de herramientas.
"Las empresas deben empezar por rechazar la cómoda suposición de que la IA mejora las decisiones sobre la plantilla simplemente al intervenir en ellas" - Sanchit Vir Gogia, analista jefe de Greyhound Research
Gogia también advierte de que no existen pruebas independientes que demuestren la precisión o la legalidad de los despidos apoyados en inteligencia artificial. Su formulación resulta difícil de esquivar porque reduce toda la promesa de eficiencia a una idea muy básica, que ir más rápido no equivale a actuar con más justicia.
"Las hace más rápidas, y nunca se ha demostrado que lo más rápido sea sinónimo de más justo" - Sanchit Vir Gogia, analista jefe de Greyhound Research
No toda su lectura es de rechazo frontal. Gogia define este tipo de despliegue como una infraestructura empresarial de alto riesgo cuando entra en decisiones laborales sensibles, pero añade que la postura más segura no pasa por prohibir la IA en la planificación de plantilla, sino por usarla con disciplina para detectar trabajo duplicado, evaluaciones incoherentes y sesgos humanos.
Ese matiz importa porque la controversia no gira solo alrededor de una máquina que despide, sino de quién diseña las reglas, quién las supervisa y quién responde cuando una persona recibe la notificación en mitad de una baja médica. En ese cruce entre automatización y responsabilidad ya habían aparecido despidos guiados por IA en otras grandes empresas.
El conflicto enfrenta dos relatos que no encajan bien
Por un lado, Meta defiende que las personas conservaron el control de las decisiones.
Por otro, la demanda describe un entorno donde la actividad de los empleados quedaba medida por herramientas capaces de rastrear teclas, consumo de tokens y señales de rendimiento. Cuando una empresa anuncia beneficios récord y, a la vez, comunica 8.000 despidos en pleno empuje inversor hacia la IA, la discusión deja de ser técnica y pasa a tocar algo mucho más cotidiano, quién puede permitirse enfermar sin quedar marcado.
Gogia, de hecho, también lanza un consejo directo a los trabajadores afectados. Pide conservar el expediente legal y respetar el plazo, una indicación sobria que encaja con el tono del caso, porque aquí la disputa no trata de una promesa futura de la inteligencia artificial, sino de bajas protegidas, avisos de 60 días y cartas de despido ya enviadas.