OpenAI y Mattel alertan sobre juguetes con IA que registran conversaciones y emociones de menores

Un estudio de la USC y la UDC advierte de que la IA puede convertirse en una infraestructura de persuasión sobre la infancia, con juguetes inteligentes y aulas como principales escenarios de riesgo.

21 de agosto de 2026 a las 16:10h
OpenAI y Mattel alertan sobre juguetes con IA que registran conversaciones y emociones de menores
OpenAI y Mattel alertan sobre juguetes con IA que registran conversaciones y emociones de menores

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La advertencia apunta a un lugar muy cotidiano, casi doméstico, y por eso resulta incómoda. La Universidade de Santiago de Compostela y la Universidade da Coruña sostienen que la inteligencia artificial puede convertirse en una nueva infraestructura de persuasión sobre la infancia.

Este jueves, Isaac Maroto González, doctor en Comunicación e Información Contemporánea de la USC, y Verónica Crespo Pereira, investigadora de la UDC, presentaron un trabajo que sitúa a los juguetes inteligentes en el centro del problema. Para ambos, son uno de los ejemplos más representativos porque combinan conversación, personalización y recogida de información emocional con un posible uso comercial.

Los juguetes hablan y también aprenden demasiado

No se trata solo de que un muñeco responda preguntas o adapte el diálogo al niño que tiene delante. El riesgo aparece cuando ese intercambio sirve además para registrar conversaciones, preferencias y estados emocionales, una preocupación que ya asomaba en juguetes que recopilan datos dentro del espacio más íntimo del juego.

Maroto y Crespo examinan aquí el acuerdo anunciado entre OpenAI y Mattel para incorporar tecnología conversacional a marcas de juguetes. Su aviso va por una vía concreta, porque esos dispositivos pueden recopilar información sobre las conversaciones, las preferencias y las emociones de los menores.

Ahí la persuasión deja de parecer una palabra abstracta.

La escuela puede pasar de aula a territorio de influencia

El estudio no se queda en el dormitorio ni en el cuarto de juegos. También advierte de que el entorno educativo puede transformarse en un espacio cada vez más condicionado por la recopilación y análisis de datos, la vigilancia algorítmica y las decisiones automatizadas.

Para explicar esa deriva, los autores recuperan el caso de Channel One en Estados Unidos. Aquel modelo permitió la entrada de publicidad en centros educativos a cambio de recursos tecnológicos y mostró cómo la atención de los menores podía convertirse en un activo comercial, algo que enlaza con debates recientes sobre límites legales a la IA cuando el objetivo ya no es solo enseñar, sino influir.

Después el foco se desplaza a China, donde el análisis revisa la incorporación de inteligencia artificial al sistema educativo mediante plataformas de aprendizaje, tutorías y robots. Esos sistemas registran datos de rendimiento, psicofisiológicos y biométricos. La alarma, en este caso, nace de una monitorización constante que convierte cada gesto en información utilizable.

Los autores piden una IA que no sustituya el criterio infantil

Frente a ese escenario, la investigación defiende una condición muy precisa. La incorporación de la inteligencia artificial a la infancia debería orientarse a reforzar la autonomía, la creatividad, la pluralidad, la interacción humana y el pensamiento crítico, y no a empujar formas de persuasión opaca.

El capítulo principal lleva por título Cando a infancia entre en contacto coa IA: xogo, aprendizaxe e persuación forma parte de una guía social, ética y cultural sobre el presente y el futuro digital. Ese libro, titulado A intelixencia artificial no espello será publicado en acceso abierto a mediados de septiembre por McGraw Hill Aula Magna.

La tensión de fondo cabe en una escena sencilla. Un niño cree que juega, aprende o conversa, pero al mismo tiempo puede estar alimentando sistemas que observan su atención, clasifican su conducta y convierten sus emociones en dato.

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