Pablo Vázquez avisa sobre la IA: la tarea cambia antes que el empleo y sitúa la automatización total hacia 2116

El ingeniero y divulgador Pablo Vázquez sostiene que la IA transforma trabajos por tareas, no por puestos completos, y advierte de un impacto social real aunque el paro masivo no llegue.

19 de julio de 2026 a las 13:44h
Pablo Vázquez avisa sobre la IA: la tarea cambia antes que el empleo y sitúa la automatización total hacia 2116
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El miedo a la inteligencia artificial suele llegar antes que su comprensión.

Pablo Vázquez, ingeniero informático, especialista en inteligencia artificial y divulgador tecnológico con más de quince años de experiencia, lleva tiempo trabajando justo en esa grieta. Al frente de Vida Inteligente ha formado a más de 10.000 personas y en su libro Tsunami, publicado por Tenos, examina cómo esta tecnología altera el trabajo, la educación, las relaciones y la vida social.

No plantea una consigna tranquilizadora, sino una disciplina mental. Pablo Vázquez repite que no hay que preocuparse, pero sí ocuparse, porque el temor nace muchas veces de titulares diseñados para captar atención y de la sensación de no entender qué está ocurriendo.

"El miedo casi siempre viene de dos sitios: de los titulares diseñados para captar atención (tanto los apocalípticos como los utópicos) y de la sensación de no entender lo que pasa. Contra lo primero, desconfianza calibrada; contra lo segundo, conocimiento". - Pablo Vázquez, ingeniero informático y especialista en inteligencia artificial

El trabajo cambia por tareas, no desaparece de una sola vez

Ahí aparece una de sus ideas más útiles para leer lo que está pasando. La unidad de cambio no es el puesto de trabajo, sino la tarea, porque un empleo funciona como una cesta de tareas y la inteligencia artificial rara vez elimina la cesta completa.

Unas partes las canibaliza, otras las reorganiza y otras obligan a redefinir el rol. Esa mirada rebaja el ruido de las profecías totales y acerca el problema a la vida diaria, donde casi nadie pierde un oficio entero de un día para otro, pero sí ve cómo cambian las piezas de su jornada.

También por eso Vázquez recurre a una paradoja económica poco intuitiva. En un escenario parecido al que describen los cálculos sobre horas automatizables, recuerda la paradoja de Jevons, según la cual cuando algo se abarata su demanda puede subir en lugar de bajar.

La paradoja de Jevons explica por qué más automatización no siempre resta empleo

Vázquez la sitúa en dos terrenos muy concretos, la radiología y la programación. En ambos casos, el rol profesional no desaparece sin más, sino que se transforma al ritmo de herramientas que absorben parte del trabajo y desplazan el valor hacia otras funciones.

La claridad, sostiene, no llega antes del movimiento. La claridad nace de la acción.

"Hay dinámicas que la intuición no capta, como la paradoja de Jevons: cuando algo se abarata, su demanda a menudo sube en lugar de bajar. Lo vemos en la radiología o en la programación, donde el rol se transforma en vez de desaparecer". - Pablo Vázquez, ingeniero informático y especialista en inteligencia artificial

Las fechas largas enfrían el apocalipsis, pero no borran el daño personal

Frente a los anuncios de colapso inminente, Vázquez introduce una escala temporal mucho más incómoda y más precisa. Sitúa en torno a 2047 el 50 % de probabilidad de que las máquinas superen a los humanos en todas las tareas económicamente valiosas, mientras la automatización completa del trabajo quedaría mucho más lejos, hacia 2116.

Eso no equivale a restarle importancia al problema. El apocalipsis del 80 % de paro no hace falta que ocurra para que las consecuencias sean serias, porque basta con que ciertos empleos, sectores o trayectorias vitales queden golpeados para que el coste social resulte tangible.

De hecho, esa tensión ya asoma en debates sobre regulación y empleo, como ocurre con la supervisión humana en el trabajo. Una estadística puede describir una tendencia, pero no consuela a quien ve desaparecer el salario que sostenía su rutina.

Vázquez lo formula sin rodeos al hablar del coste humano de la sustitución. Para quien pierda su trabajo, dice, no será una simple estadística macroeconómica, sino una disrupción personal dolorosa.

Entre 2047 y 2116 cabe medio siglo largo de distancia, y aun así el golpe puede sentirse mucho antes en una sola tarea, en un solo rol o en una sola nómina.

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