PISA 2025: la OCDE cae en matemáticas y lectura mientras la IA ya entra en clase

La OCDE confirma un descenso prolongado: 22 puntos menos en matemáticas y 28 en lectura desde 2015. España empeora entre 2022 y 2025 y queda por debajo de la media en ciencias, lectura y matemáticas.

10 de septiembre de 2026 a las 13:17h
PISA 2025: la OCDE cae en matemáticas y lectura mientras la IA ya entra en clase
PISA 2025: la OCDE cae en matemáticas y lectura mientras la IA ya entra en clase

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Las aulas de la OCDE no retroceden por culpa de una sola novedad tecnológica. PISA 2025 dibuja una caída más larga y más incómoda, con 22 puntos menos en matemáticas y 28 menos en lectura entre 2015 y 2025, una tendencia que la propia organización sitúa antes de la pandemia y antes de la expansión de la inteligencia artificial generativa.

España cayó con fuerza justo cuando la OCDE confirmó el descenso

España llegó a 2025 con 477 puntos en ciencias, 451 en lectura y 457 en matemáticas. Entre 2022 y 2025 perdió 7 puntos en ciencias, 23 en lectura y 16 en matemáticas, un deterioro que la deja también por debajo de la media de la OCDE en las tres áreas.

La referencia del conjunto de la OCDE quedó en 482 puntos en ciencias, 461 en lectura y 463 en matemáticas.

Ese telón de fondo importa porque el debate público tiende a buscar un culpable rápido. Pero los datos no acompañan esa tentación, ya que la OCDE sitúa el desgaste antes del covid-19 y antes de que los chatbots entraran en la vida escolar con la naturalidad con la que hoy muchos alumnos consultan una duda o piden un resumen.

La inteligencia artificial ya está en clase, pero no de la misma manera

Solo el 14 % del alumnado de la OCDE dice que no ha usado nunca o casi nunca un chatbot de inteligencia artificial en las cuatro actividades analizadas.

El uso más habitual no pasa por escribir redacciones completas, sino por ayudar a aprender. Después aparecen la búsqueda preliminar de información, la redacción de textos y el resumen de lecturas, una secuencia que encaja con el uso cotidiano de IA en la escuela que ya se observa en otros estudios sobre hábitos educativos.

No todos los patrones de uso pesan igual. El modelo ppAI6 distingue desde la delegación excesiva hasta los usos creativos y transformadores, algo relevante cuando la misma herramienta puede servir para entender mejor un tema o para apartar al alumno del esfuerzo intelectual que exige aprenderlo.

Usarla poco o mucho no da el mismo resultado

Los alumnos que declaran no usar inteligencia artificial tienden a obtener mejores resultados, aunque esa asociación no permite afirmar que exista una relación causal.

También aparece una segunda pista menos intuitiva. Los usuarios moderados, que recurren a estas herramientas entre una vez al mes y dos veces por semana, logran mejores resultados al resumir textos o hacer búsquedas que quienes las usan muy de vez en cuando o a diario.

Ahí está una de las contradicciones más fértiles del informe.

La inteligencia artificial no encaja bien en un relato de blanco o negro. Puede ayudar, pero su rendimiento parece depender de cuánto espacio ocupe en la rutina escolar y de si acompaña el trabajo propio o lo sustituye, una tensión que recuerda a el coste cognitivo del apoyo automático cuando el atajo empieza a parecer aprendizaje.

Japón destaca por rendimiento y por distancia frente a los chatbots

Singapur, Japón, Corea y Estonia superan la media de la OCDE en ciencias, lectura y matemáticas.

Entre esos países, Japón añade un rasgo llamativo. Es el que registra la mayor proporción de alumnos que afirma no haber utilizado nunca o casi nunca chatbots de inteligencia artificial para actividades escolares, justo en un contexto internacional donde el uso ya forma parte de la experiencia cotidiana de la mayoría.

Tampoco conviene separar esa fotografía del clima en el aula.

El 28 % de los alumnos de la OCDE asegura que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante las clases de ciencias. En Japón, Corea y varias jurisdicciones chinas esa proporción cae por debajo del 10 %, una distancia que sugiere que el problema no es solo qué herramienta entra en clase, sino cuánto ruido digital la rodea.

Uno de cada cinco jóvenes de 15 años ya no alcanza el nivel básico en matemáticas y lectura. Eran el 16 % en 2022 y ahora son el 20 %, una subida que convierte la discusión sobre pantallas, chatbots y hábitos de estudio en algo más concreto que una pelea cultural.

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