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La factura eléctrica de millones de hogares en Estados Unidos acaba de incorporar otro coste que no nace en la cocina ni en el aire acondicionado, sino en los edificios donde viven los datos. PJM, el mayor operador eléctrico del país, ha cerrado una subasta para cubrir picos de demanda que añadirá 6.300 millones de dólares a los recibos durante los próximos tres años.
Ese sobrecoste se repartirá entre 67 millones de hogares atendidos por una red que cubre 13 estados. La escala ayuda a entender el problema, porque en esa misma red está Virginia, donde se concentra el mayor clúster mundial de centros de datos con más de 650 instalaciones.
La demanda crece más rápido de lo que entra nueva energía
PJM lo dijo sin rodeos al explicar el resultado de la subasta.
"La demanda de electricidad crece más rápido de lo que se puede construir nueva generación para satisfacerla" y "el principal motor de ese crecimiento son los centros de datos" - PJM, operador eléctrico regional de Estados Unidos
No es una discusión abstracta sobre servidores lejanos. Cuando una red debe reservar capacidad para atender consumos cada vez más altos en momentos de máxima tensión, ese colchón termina convertido en dinero y el dinero acaba en la factura doméstica.
Desde 2024, las subastas de PJM han sumado 29.000 millones de dólares a los recibos de los clientes, de acuerdo con Monitoring Analytics. La cifra permite ver que el problema no empezó este verano ni responde a un episodio aislado.
Pensilvania logró un tope, pero los estados no controlan la subasta
Ahí aparece una paradoja política. Los estados soportan el desgaste de unas facturas más altas, pero PJM depende de la Comisión Federal Reguladora de Energía y eso les impide frenar directamente las subidas de precio derivadas de estas subastas.
En 2024, el gobernador de Pensilvania demandó a PJM por el encarecimiento de la luz y obtuvo un acuerdo que fijó un tope al precio de la subasta. No borra el conflicto, aunque sí muestra hasta qué punto la tensión había saltado del terreno técnico al judicial.
Mientras tanto, PJM permitió a los centros de datos conectar sus generadores diésel para aliviar la presión sobre la red durante una ola de calor. La imagen resulta incómoda, porque la infraestructura que sostiene la vida digital acaba recurriendo a motores pensados para emergencias cuando la demanda aprieta.
Nueva York ya ha puesto el freno a nuevos centros
Nueva York optó por otra vía.
El estado anunció una moratoria de un año que impide construir grandes centros de datos mientras evalúa su impacto energético y ambiental. Esa decisión encaja con una discusión que ya asoma en otros lugares y que también puede leerse en la presión eléctrica en Nueva York.
También encaja con una escena más amplia que va mucho más allá de un solo operador, como muestran las previsiones sobre consumo de centros de datos. Cuanto más invisible parece la nube para el usuario, más visible se vuelve su huella cuando llega el recibo.
El dato que deja menos espacio para la abstracción sigue siendo el primero. Son 6.300 millones de dólares adicionales repartidos durante tres años entre 67 millones de hogares porque, en la red de 13 estados que opera PJM, los centros de datos ya empujan la demanda más deprisa de lo que avanza la nueva generación eléctrica.